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Capítulo 9
NUESTRO CREDO
A lo largo de mi carrera como predicador, he denunciado los credos denominacionales. Yo orgullosamente explicaba, No tenemos otro credo aparte de Cristo; cuando Pedro confesó que Jesús es el Cristo, él confesó el único credo sobre el cual la iglesia está establecida. Ese es el único fundamento de la iglesia. Al pecador penitente no le preguntamos alguna otra cosa aparte de lo que se le preguntó al tesorero Etíope. Esto es bueno, verdadero y correcto. Cristo es el fundamento de nuestra relación con Dios y con su gente. La iglesia está construida sobre la roca/el hecho de que Jesús es el Cristo. Pero, al salir aquél converso del agua bautismal, el credo que yo imponía sobre él repentinamente se extendía incluyendo todas mis interpretaciones y convicciones referentes a las enseñanzas de las escrituras del Nuevo Testamento. Dándole algún tiempo para que madurara en mis posiciones doctrinales, yo podía tolerar sus desacuerdos en algunas cosas, pero si él continuaba en no estar de acuerdo con mis verdaderas prioridades doctrinales, mi frialdad para con él le causaba desánimo hasta abandonar la comunión. Luego yo me veía libre y podía usarlo como un ejemplo de apostasía por causa de su error, concluyendo que al fin él nunca se convirtió a la Iglesia de Cristo. Pero en realidad él simplemente estaba rechazando mi credo sectario y mi posición. ¿No habla este precedente de nosotros en general? La comunión y la salvación en Cristo de una persona se logran a través de ser obediente a la fe (Hech. 6:7). Uno debe creer el mensaje acerca de Cristo (Mar 16:15s). Jesús es el Cristo se convierte en su credo confesado (Hech. 8:37). Tal fe en Cristo debe causar que uno decida dejar el pecado y hacer Su voluntad (Hech. 2:38). En respuesta a su fe y de acuerdo con su arrepentimiento uno debe ser bautizado. En ese momento uno es salvo, libre de culpa, en Cristo, una nueva criatura, y es añadido al único cuerpo que es la iglesia.
Ésta persona ahora está en comunión con Cristo, y con todas las demás personas que han seguido el mismo procedimiento y que no ha abandonado su comunión posteriormente. Ésta es la comunión hecha posible por el Espíritu: Porque por un solo Espíritu fuimos bautizados todos en un solo cuerpo (1 Cor.12:13). Para alcanzar éste estado no se le preguntó a la persona mas que ¿Crees que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios? Ninguna cosa se le preguntó acerca de sus convicciones o prácticas referentes al comer carnes, el uso de palabras comunes para referirse a Dios, posesiones demoniacas y exorcismos en nuestros días, el orar por sanidad, el matar en defensa propia, la cena del Señor entre semana, o algún otro de los muchos asuntos mencionados en el Capítulo Uno que pudieran relacionarse a su práctica fiel de la vida Cristiana. ¿Importan las convicciones y las prácticas de tales asuntos? Algunos, tales como días o comidas (Rom. 14) y la circuncisión (Gal. 5:6), no. Algunos pueden ser pecaminosos, aunque el que lo sea o no, es debatido por discípulos estudiosos y sinceros. Las diferentes convicciones en asuntos debatibles se pueden mantener sin romper comunión. Tales asuntos no fueron la base por la cual el converso fue salvo o traído a la comunión.
No el credo En los casos de conversión narrados en Hechos, a ninguno de los prospectos se le dio un curso de adoctrinación previo al bautismo en Cristo. Hasta donde sabemos, a nadie se le dijo antes del bautismo que ellos serian hechos parte de la iglesia con la cual se tendrían que reunir, dar, participar de la comunión y cantar. De hecho, aunque el bautismo fue requerido de todos ellos, no se les dio alguna lección acerca de la necesidad o del significado del bautismo. La única explicación en cuanto al significado del bautismo fue dada mucho después a los discípulos y no a los prospectos (Rom. 6:1-11; Col. 2:11-14). El creer en éstas cosas no era parte del credo. Desde que fueron añadidos al cuerpo por medio del bautismo, y de allí en adelante los conversos tendrán diferencias en conocimiento, entendimiento y convicciones. Aunque ellos continuarán creciendo hacia la madurez, ninguno jamás conocerá o entenderá todo. Aún los más maduros todavía tendrán desacuerdos en asuntos tales como los mencionados en el Capitulo Uno. Tales diferencias no son problemas serios excepto para el que es legalista, quien piensa que debe estar en lo correcto en todos los puntos para poder así vivir a la altura de su propio credo. Había mucha diferencia de convicciónes en cuanto a la circuncisión en la iglesia primitiva. De cualquier manera, la circuncisión no era mas ni era menos excepto cuando estorbaba en su obra de fe y de amor (Gal. 5:6). Muchas veces yo he enfatizado que, cuando dos personas no están en acuerdo acerca de algo, uno tal vez esté bien y el otro mal, o ambos están mal, pero los dos no pueden estar bien. ¡Pero cuan equivocado estaba! Legalmente ambos podían estar bien. Yo era un legalista. Pablo dijo que los creyentes podían estar en desacuerdo en cuanto al comer carnes y guardar días y ambos estarán bien porque Dios recibe y afirma a ambos y a ambos hace estar en pie (Rom. 14:1-4). Pablo llama a los partidos en desacuerdo para que se acepten y se respeten los unos a los otros. El que come carne no debe despreciar, desdeñar o ver con contención al vegetariano escrupuloso, y el vegetariano no debe condenar al que come carne. Todavía no hemos aprendido tal lección, porque el hermano conservador condena al más liberal, y aunque el liberal no condena al conservador, lo ve condescendientemente y con impaciencia. Si éste espíritu prevalece, ambos están mal, no por las diferentes convicciones sino por la falta de amor y respeto de unos a otros como hermanos. Pablo atormenta al legalista al no decirle cual de los dos lados es el correcto en cuanto al comer carnes y guardar días. Por el contrario él nos avergüenza, Tú, ¿quién eres que juzgas al criado ajeno? Para su propio señor está en pie o cae; pero será afirmado, porque poderoso es el Señor para afirmarle. En ambos lados del asunto la gente estaba sirviendo y honrando al Señor sinceramente. Deje que el Señor acepte o rechace. ¿Por qué juzgas a tu hermano? O tú también, ¿por qué menosprecias a tu hermano? Pues todos compareceremos ante el tribunal de Dios (Rom.14:10s). La comunión no debe ser puesta en peligro por esfuerzos en decidir o en imponer escrúpulos (Rom.14:1). Esta petición continúa en Romanos 15 cuando Pablo exhorta en oración, Y el Dios de la perseverancia y de la exhortación os conceda que tengáis el mismo sentir los unos por los otros, según Cristo Jesús; para que unánimes y a una sola voz glorifiquéis al Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo (15:5s). Su petición siguiente debía haber agotado hace mucho tiempo, nuestro orgullo y exclusivismo: Por tanto, recibíos unos a otros como Cristo os recibió para la gloria de Dios (15:7). ¿Cómo me recibió? ¡Cuando yo era malo, con falta de amor, ignorante, falto de entendimiento, inmaduro, y pecador! Él me aceptó por mi fe en Él quien es mi justicia desde que obedecí el evangelio, no por que yo era bueno, amoroso, justo, correcto y sabio. De la manera que Él me aceptó y continúa aceptándome, así debo yo aceptarte a ti. Habiendo sido aceptado ¿Quién soy yo para rechazar a otros? Sí, ¿Cómo me atrevo a rechazar a otros?. Algunos han dicho, El Nuevo Testamento es nuestro único credo. Muchos, aunque no lo dicen, aceptan las epístolas como una extensión del credo, convirtiendo al conocimiento, creencias y entendimiento de cada parte de ellas en algo necesario. Esto pone a la perfección doctrinal como la base para la unidad, y por perfección doctrinal queremos decir, Confórmense a mi interpretación, mi credo ¡y todos estaremos unidos!. Pero eso es algo irreal. Hace de la unidad un fantasma iluso, ¡Sé como nosotros! Pero ¿Cuál grupo de entre nosotros? Siempre estaremos divididos por un enfoque doctrinal concerniente a la unidad, puesto que no permite la diversidad. Si lo anterior es verdad, ¿Por qué se nos advierte en contra de los falsos maestros? ¡Buena pregunta! Pero por favor dejémosla para el capítulo siguiente.
Jesús es el credo Nuestro creer no es en los principios eficaces de fe a los cuales llamamos el evangelio -creer en Cristo como el Hijo de Dios, la expiación, la resurrección y la ascensión. Éstos no tienen poder para salvar aunque está declarado que el evangelio es poder de Dios para salvación (Rom.1:16). El poder está en Cristo quien es las buenas nuevas de salvación. Pero al negar alguno de éstos hechos usted destruye el credo porque usted ha quitado las bases de la esperanza en Cristo. El que no creyere será condenado. Los Gnósticos en tiempos apostólicos negaban que Jesús vino en la carne. El negar la encarnación equivalía a no permanecer en la doctrina de Cristo en la cual se basa el evangelio. Todo el que se extravía y no permanece en la doctrina de Cristo no tiene a Dios. El que permanece en la doctrina, éste tiene al Padre y también al Hijo (2 Juan 9). Esto se dijo en referencia a quienes no confiesan que Jesucristo ha venido en la carne (v.7). Aquí no se refería a la música instrumental ni a las cocinas en los edificios de la iglesia, ni a algún otro escrúpulo, opinión o convicción, sino a nuestro credo, Cristo Jesús. Aquello que destruye la fe como lo hacía la doctrina de los Gnósticos destruye la base de la salvación. Los que enseñaban tales cosas no debían ser bienvenidos ni apoyados (2 Juan 10) sino que tenían que ser entregados a Satanás (1 Tim. 1:19s; 2 Tim. 2:18s). Una persona que viene a Jesús debe arrepentirse, dedicándose a vivir una vida moralmente limpia. Algunos tal vez abandonen voluntariamente esa pureza de vida mientras que se aferran a la fe. Tal es una situación incompatible. El inmoral flagrante también debe ser entregado a Satanás (1 Cor. 5). El discípulo que sinceramente es ignorante, débil o que tropieza no está en la misma categoría. Puesto que todos somos bautizados en un cuerpo, una persona divisionista no puede ser tolerada. Pablo instruye, Después de una y otra amonestación, rechaza al hombre que causa divisiones, sabiendo que el tal se ha pervertido y peca, habiéndose condenado a sí mismo (Tito 3:10s). No todos los que están en desacuerdo o enseñan algún error son facciosos. Algunas personas pueden estar en desacuerdo en cuanto a la circuncisión, carnes y días, sin embargo pueden aún permanecer en armonía dentro del único cuerpo. Una persona facciosa solicita seguidores, hace un partido y causa división. Ésta persona puede hacerlo aún sin enseñar. La mayoría de las divisiones son sobre personalismos y luchas por poder y comúnmente usan algunos puntos sólo como pretexto para no mostrar los verdaderos motivos. El estar de acuerdo en todas las enseñanzas no es la base de la unidad, porque nunca tendríamos una unidad práctica, ni siquiera en una congregación muy pequeña. Nadie debe ser sujetado a los mandatos de credos del predicador o de los ancianos. Una creencia sincera que difiere de aquella de las autoridades en la congregación no es una causa justa para el rechazo. Sería un asunto diferente si una persona se convirtiera en divisionista, forzando sus opiniones sobre los demás; en tal caso se tendría que tratar el asunto. Hace como cuarenta años que oí de un hombre que quería convertirse en un predicador bautista. Al terminar su entrenamiento, él quiso ser ordenado. En el proceso de ordenación, se le preguntó si estaría de acuerdo en predicar la doctrina Bautista. Él contestó que solo predicaría la Biblia. Ellos insistieron con la misma pregunta, y él insistió en la misma respuesta. Consecuentemente ¡no fue ordenado! Por muchos años me deleitaba en contar ésta historia para contrastar nuestra carencia de un credo de la Iglesia. Nosotros solo predicamos la Biblia. Pero ya no uso ésa historia desde que fui honesto conmigo mismo y admití que no siempre puedo predicar la Biblia y al mismo tiempo permanecer en el púlpito. Debo estar de acuerdo con el partido, el credo no escrito de la iglesia, o seré despedido y mi familia se quedará sin ingresos. Si yo enseño las verdades no aceptadas de la Biblia, yo soy tachado de problemático y aún otras iglesias son advertidas acerca de mí. ¡Yo lo sé! ¡Uno debe estar en conformidad con el credo!
Un cuestionario También, los ancianos comenzaron a requerir que los maestros prospectos llenaran y firmaran un cuestionario --- no un credo, fíjese usted ¡solamente un cuestionario! Éstos cuestionarios comúnmente no requieren una naturaleza espiritual positiva; mas bien son expresiones de los credos y escrúpulos de los ancianos, tales como el divorcio, el fumar, el tomar, y el bailar --- ¡especialmente el baile! Me pregunto ¿por qué no incluyen el exceso de velocidad en las carreteras? Es que, por cada bailador tenemos una caravana de conductores que exceden su velocidad. Pero los ancianos no tienen escrúpulos en cuanto al exceso de velocidad porque ellos se exceden. Tal cosa no está en su credo --- digo, ¡cuestionario! Al recibir tal cuestionario supongamos que el maestro prospecto simplemente escriba, Yo solamente enseñaré la Biblia ¿Se le asignaría alguna clase a tal persona? Ésta es otra razón por la cual yo ya no hablo mucho acerca de los credos Bautistas. Si una persona tiene una creencia en conflicto con la mía, es apropiado que la discutamos y la estudiemos juntos. Es inminente que lo hagamos si considero que es un asunto de vida o muerte. De cualquier modo, a través de todo el proceso, yo debo amarle y respetarle, y abstenerme de juzgarle. ¿Quién eres que juzgas al criado ajeno? El que yo sea su hermano en comunión con Cristo, no significa que yo apruebo todo lo que él hace o enseña, pero sí debe significar y significa, que yo no le juzgue o le obligue a que se ponga en conformidad con mis escrúpulos. La fe que tú tienes, tenla para contigo mismo delante de Dios (Rom.14:22). Aunque yo desapruebe sus acciones, él no puede violar mi conciencia. Solo yo lo puedo hacer. Cuando una persona pide ser aceptada como parte de la congregación de la cual yo soy parte, ni yo, ni los ancianos, ni la congregación tienen derecho de preguntarle nada más que, ¿Ha sido usted bautizado en Cristo y trata de vivir una vida de santidad en armonía con los del pueblo de Dios? Esto cubrirá las bases de la iniciación en el cuerpo y de la continua comunión en unidad. El preguntarle si ha sido miembro de la Iglesia de Cristo en algún otro lugar, o el escribir a otra congregación para pedir referencias, es juzgar y es sectario. ¿Cómo sabemos si en el pasado, el solicitante no estaba asociado con la Iglesia Cristiana o con las Asambleas de Dios? No lo sabríamos. ¿Acaso nos contaminaría el servir al lado de alguien en Cristo que llevó algún nombre sectario diferente al nuestro? No tenemos otra alternativa más que aceptarle. Juzgarle no es prerrogativa nuestra. Él le responde a Dios tal como usted y yo. ¿Por qué es más difícil aceptar a ésta persona que al resto de la congregación quien no están de acuerdo en los cien temas mencionados en el Capítulo Uno? Y ¿Por qué no puedo aceptar como hermano al que todavía está sirviendo a Dios en la Iglesia Cristiana o en Las Asambleas de Dios, sin planes de unirse a nuestra congregación? ¿Por qué nos sentimos más cómodos en rechazar a otros que en recibirles? Yo prefiero aparecer ante Dios en Juicio habiendo recibido a alguien a quien Dios rechazó, que tener que dar cuenta por rechazar a alguien a quien Cristo aceptó. Es una enfermedad mortal de espíritu sectario lo que motiva el rechazar a quien Dios ha recibido, condenando a hermanos a los cuales Dios nos ha prohibido juzgar. ¿Por que menciono todo esto? ¿Acaso he desarrollado un espíritu de rebelión? Mas bien es que no puedo continuar viendo a la iglesia practicando el sectarismo. Cuando un individuo juzga a otros e impone sus escrúpulos, se convierte en faccioso. Cuando un grupo impone sus escrúpulos y mide a otros basado en éstos, se convierte en un grupo sectario. Aún cuando no sea escrito, un credo produce y protege a una secta exclusiva. Excluye a los que no se conforman, aunque sean hermanos. Esto hace una secta del grupo. El nombrar equivale a denominar. Cuando el grupo se adjudica un nombre distintivo, éste se convierte en una denominación sectaria. ¿Puede usted negar que la Iglesia de Cristo ha llegado a éste estado? Los que son libres en Cristo, se han liberado de los credos y juicios de los hombres.
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