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Libere En Cristo

Índice

    Prefacio Del Autor

  1. Los Asuntos Que Nos Ocupan
  2. Ley Y Principios
  3. ¿Que Es La Ley De Cristo?
  4. ¿Por Qué Es El Amor El Mandamiento Más Grande?
  5. Algo Más Grande Que La Ley
  6. Doctores De La Ley
  7. El Ejercicio De La Libertad Cristiana
  8. Evangelio Y Doctrina
  9. Nuestro Credo
  10. Falsos Maestros
  11. ¿Por Qué Denominarnos?
  12. Libres De Sectarismo
  13. Bautismo Sectario
  14. Religión En Forma De Pastel
  15. Adoración Por Demanda
  16. Libre Expresión: Nuestra Respuesta A La Gracia
  17. Reduciendo La Taza De Mortalidad
  18. Salvación En Diferentes Épocas
  19. Identidad De La Iglesia
  20. ¡Esta Lección me asusta!
  21. Sirvientes Que Se Convirtieron En Amos
  22. Flexibilidad En Organización
  23. Autónoma O Episcopal
  24. El Riachuelo Libre
  25. Lo Que Dios Requiere

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Capítulo 8


EVANGELIO Y DOCTRINA


Aunque adornamos la tumba de Alejandro Campbell, si él estuviera aquí el día de hoy, no sería bien recibido en la mayoría de los púlpitos de la Iglesia de Cristo. Ciertamente, los guardianes de la fe lo acusarían por esta declaración:

“Había enseñanza, había cantos, había oraciones, había exhortación en la iglesia Cristiana, pero predicación en la iglesia o a la iglesia, ¡no se menciona ni una vez en las escrituras Cristianas!

“Pablo una vez, en su primera carta a la iglesia en Corinto, dijo que él declararía a los Corintios el evangelio que les había predicado, el cual habían recibido, en el cual ellos permanecían. Nosotros predicamos, reportamos o proclamamos noticias. Pero ¿quién enseña noticias? ¿quién exhorta noticias? Nosotros predicamos el evangelio a los inconversos, a extranjeros, pero nunca a los Cristianos, o a quienes ya lo han recibido.”

(Millennial Harbinger, Abril 1862; copiado de The Twisted Scriptures, p. 43, por Carl Ketcherside; también otros pensamientos fueron adaptados de esta fuente.)


La palabra de Dios revelada en las escrituras del Nuevo Testamento, contiene dos clases de mensajes con el fin de cumplir dos propósitos diferentes. Campbell reconocía esto, pero la distinción se ha oscurecido para la mayoría de nosotros en este siglo. La falta de entendimiento se ha añadido a nuestra confusión y nos ha desviado de la base práctica para la unidad entre los que son de Cristo. Si el Nuevo Testamento en su totalidad es el evangelio, y puesto que la persona debe saber, creer y obedecer el evangelio para ser salvo, entonces uno debe saber, creer y obedecer todo lo que se encuentra dentro del Nuevo Testamento para ser salvo. Todo punto de enseñanza se convierte en asunto de vida o muerte. Creer en cualquier error nos condenaría, si todos no están en un completo acuerdo, entonces alguien está perdido.

Así que, en vista de nuestra lista de diferencias en el capítulo uno, parece que no hay esperanza para nosotros, porque ¿quién puede estar seguro de saber, creer, entender y obedecer todas las enseñanzas de la palabra de Dios? Por ejemplo, instrucciones tales como, “no entristezcáis al Espíritu Santo de Dios” (Ef. 4:30), “sed llenos del Espíritu” (Ef. 5:18), y “orando en el Espíritu Santo” (Jud. 20) se convierten en algo aterrorizante, porque yo realmente no sé si estoy entendiendo o haciendo estas cosas o no.

Luego, si puedo conocer y obedecer en todo, no necesito de la gracia; por lo que haría nula la gracia de Cristo por mi obediencia perfecta.

Existe una distinción válida, aunque estas dos clases de mensaje no se encuentran separados en diferentes párrafos, libros o epístolas. El evangelio nos trae a una vida nueva y las enseñanzas dirigen nuestras vidas. El evangelio nos pone en el bote salvavidas y la enseñanza apostólica nos guía hacia el rescate final. El evangelio nos pone entre los obreros del Señor, la doctrina nos dirige en la obra. El evangelio nos pone en comunión mientras que la doctrina/enseñanza nos guía en esa comunión.

El evangelio son buenas nuevas, pero, al igual que Campbell nos preguntamos, ¿Quién enseña buenas noticias? El evangelio fue predicado en su totalidad en el día de Pentecostés pero todas las epístolas vinieron después. El evangelio fue predicadoanunciado, proclamado, evangelizado- mientras que la doctrina fue impartida por enseñanza, instrucción, reprensión, corrección y exhortación. El mensaje del evangelio fue impartido por evangelistas, pero los profetas, pastores y maestros, edificaban a través de la enseñanza.

El evangelio es “la fe” que fue dada (Jud. 3), a la cual ellos obedecieron (Hech.6:7), a la cual Elimas resistió (Hech. 13:8), en la cual los discípulos debían de continuar (Hech. 14:22), la cual era la base de la unidad (Ef. 4:13). La fe es la base de nuestra salvación.

Las diferencias de opiniones y convicciones acerca de las enseñanzas eran asuntos de fe. Rom. 14 trata este asunto. Un hombre tenía fe para comer de todo, mientras que otro era débil en la fe con sus escrúpulos (v. 1-2). La fe (convicciones) que tú tienes, guárdala entre tú y Dios (v. 22). Uno que viola sus propios escrúpulos o convicciones no actúa con fe; por lo tanto peca (v. 23).

Pablo resume el evangelio como la muerte, sepultura y resurrección (1 Cor. 15:3). En una definición más completa, el evangelio son las buenas noticias de que Jesús es el Hijo enviado, Su expiación, Su resurrección, Su glorificación, y Su promesa de resucitar a los muertos. Uno no puede negar alguno de estos elementos y ser salvo porque esto equivaldría a negar el propósito salvador de Jesús, no solo una negación de ciertos hechos. Los hechos no tienen poder salvador.

El evangelio no fue predicado a la iglesia. No hay registro de tal cosa, ni hay instrucciones de que se haga, ni necesidad de ello. Aunque la palabra predicar es usada más de cien veces en las escrituras del Nuevo Testamento, no es usada en conexión con una asamblea de creyentes. Es la palabra para evangelizar. El mensaje era el evangelio, las buenas nuevas, el “evangelio” que quien lo proclamaba era el predicador, el evangelista.

Otros verbos se refieren a la edificación de los santos. Por ejemplo, en 1 Cor. 14, hay cincuenta usos de verbos referentes a la comunicacion en la asamblea, tales como hablar, profetizar, expresar, interpretar, instruir, enseñar, declarar, orar, cantar, bendecir, y decir, pero, predicar o evangelizar, no aparecen. Revelación, conocimiento, profecía y enseñanza son mencionadas, pero no la predicación.

Pablo escribió que “la profecía es una señal, no para los incrédulos, sino para los creyentes” (I Cor. 14:22). “Cuando os reunís,” les instruye, “que todo se haga para edificación (v. 26). En el versículo 4 él dice: “el que profetiza edifica a la iglesia”. El hablar en lenguas requería intérpretes “para que la iglesia reciba edificación” (v. 5). Así que la profecía era para los creyentes mientras que la predicación era para los incrédulos.

Quienes tienen objeciones en cuanto a esta distinción, hacen referencia a varios pasajes que supuestamente refutan esta idea. Permítanos considerarlos concisamente.

Hech. 20:7: Aquí está escrito que Pablo predicó a la iglesia en Troas. Aquí la palabra predicó en la manera en que es usada en la versión King James es de la raíz de diálogo, no de evangelizar o proclamar. “Pablo platicó con ellos” traducido correctamente en la versión Revised Standard.

Rom. 1:7: Se dice que ésta epístola fue escrita a los discípulos y que Pablo estaba ansioso por predicarles el evangelio (1:15). Ambos, MacKnight y Coffman, están de acuerdo en que “todos los que están en Roma” incluye a judíos y gentiles incrédulos.

Rom. 1:15: MacKnight, Coffman y Batey (Living Word) convienen en que “ustedes que están en Roma” no se refiere solamente a los discípulos.

Rom. 2:1-19: Revela que, aunque ésta epístola fue escrita principalmente para creyentes, Pablo también dedica parte de ella a los inconversos. Todos los comentaristas de la Restauración cuyas obras están disponibles, están de acuerdo que Rom. 2 está dirigida a Judíos inconversos. Sin duda, éste capítulo, no solo trata acerca de los Judíos incrédulos en Roma, sino que también está dirigida a ellos. A estos Pablo quería evangelizar, esperando “obtener algún fruto también entre vosotros, así como entre los demás gentiles” (1:13). Capítulo 15:8-24 es el contexto de esto.

1 Cor. 15:1-2: Pablo había predicado el evangelio a los Corintios. Él fue quien les evangelizó, pero es absurdo contender que el apóstol continuó esta actividad con quienes ya habían sido convertidos.

2 Tes. 1:7-9: Se contiende que este pasaje enseña que el Cristiano se perderá si éste rechaza el evangelio, pero el pasaje no habla de que los Cristianos lo rechazen. Los que no obedecen el evangelio se perderán. Los Cristianos ya lo han obedecido.

Mat. 28:18-20: En lugar de negar la distinción entre el evangelio y las enseñanzas, una traducción apropiada tal como la RSV(en ingles) apoya esta distinción. (También la version Reina Valera 1960 en español). Dice “haced discípulos a todas las naciones... enseñándoles que guarden...” El que no es Cristiano no es condenado por no guardar la doctrina, porque no es para él. Este se perderá si rechaza el evangelio el cual sí ha sido dirigido a él.

La salvación ha sido traída a través del evangelio. Nada ha sido añadido a éste desde el día de Pentecostés. Pablo “predicó el evangelio de Cristo en su plenitud” desde Jerusalén hasta Ilírico antes que la Carta a los Romanos fuese escrita. Romanos y las epístolas escritas de la prisión no podían haber sido parte del evangelio. Ni tampoco los escritos de Juan. El evangelio inmutable ya había sido predicado cuando Pablo escribió a los Gálatas (Gal. 1:6-9).

Este mensaje de la fe “que de una vez para siempre fue entregada a los santos” (Jud 3),fue antes de que Judas fuese escrito, por lo tanto, no podía incluir a Judas. Muchas gentes fueron “obedientes a la fe” (Hech. 6:7) antes de que las epístolas fuesen escritas. Pedro habla de personas que “han nacido de nuevo... mediante la palabra de Dios que vive y permanece” (1 Ped. 1:23), luego identifica el elemento de la palabra que inició la vida como “la palabra que por el evangelio os ha sido anunciada” (1:25), fue la palabra/evangelio predicado/evangelizado.

Si la totalidad de las escritures del Nuevo Testamento son el evangelio, entonces un pecador no puede ser salvo si no se le enseña el Nuevo Testamento en su totalidad, ya que debe creer el evangelio para ser salvo (Mar. 16-15s). El pecador no sería salvo mientras que no obedezca todas las escrituras. Por lo tanto, la conversión repentina de los de Pentecostés, el eunuco Etíope, y el carcelero no pudo haberse consumado, ya que primero hubiera sido necesario un curso completo de doctrina. ¿Quién aprende y obedece todas las enseñanzas, aún después de esforzarse sinceramente por muchos años?

Las nuevas criaturas en Cristo luego de ser salvas y estar en comunión, tienen que ser alimentadas, confirmadas y hechas maduras para que continúen en la comunión y salvación. A partir del punto de su nacimiento espiritual, habrá diversidad en los discípulos en cuanto a conocimiento, entendimiento, fortaleza, habilidad y madurez. La justificación de ellos, se llevó acabo en un acto de gracia y no por estar bien en todas las cosas. Ellos son justos por que están en Cristo quien es su justicia aún cuando no estén bien en todos los asuntos de fe. Ellos andan en la luz, siendo purificados continuamente y en comunión (1 Juan 1:5-10). Hay unidad en la fe pero diversidad en asuntos de fe. La comunión no es destruida debido a la falta de entendimiento de todas las escrituras o por no tener la interpretación perfecta de todas ellas. Pero el creyente debe “desear la leche espiritual...para crecer” (1 Ped. 2:2), madurar y participar de alimento sólido (Heb. 5:12s), y perseverar en la doctrina de los apóstoles (Hch. 2:42).

La comunión queda establecida cuando el elemento de la palabra llamado el evangelio es creído y obedecido. La comunión con Dios y con los demás se sustenta siguiendo las demás enseñanzas de la palabra.