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Capítulo 7
EL EJERCICIO DE LA LIBERTAD CRISTIANA
Para libertad fue que Cristo nos hizo libres, por tanto, permaneced firmes, y no os sometáis otra vez al yugo de esclavitud (Gal. 5:1). En Cristo, el hombre tiene la libertad propia de los hijos de Dios. Esto no era posible para aquellos quienes estaban atados por la ley Mosaica no gustes, no manejes, no toques. Bajo la ley, el individuo podía ser contaminado por cosas que no tenían calidad moral. El hombre podía incurrir en culpabilidad por tocar un animal muerto o un mueble santo o por probar carne de puerco.
I. ¿Pueden las acciones y cosas indiferentes ser pecaminosas? Nuestra pureza o culpabilidad no es determinada por lo que vemos, oímos, probamos o tocamos, sino por nuestros motivos en ver, oír, probar y tocar. Jesús explicó que el hombre es contaminado por sus pensamientos y no por lo que come (Mat. 5:1-20). La contaminación no se debe a ciertas acciones o cosas, sino al uso y las actitudes inapropiadas hacia tales acciones o cosas. Las acciones y las cosas generalmente hablando, son indiferentes. No tienen valor moral en sí mismas. ¿Acaso no es este el punto que Pablo quiere que aprendamos? Yo sé, y estoy convencido en el Señor Jesús, de que nada es inmundo en sí mismo; pero para el que estima que algo es inmundo, para él lo es... Porque el reino de Dios no es comida ni bebida, sino justicia y paz y gozo en el Espíritu Santo (Rom. 14:14-17). Nuestra pureza o impureza de pensamiento determina si una cosa es moral o inmoral. El pecado no está en los objetos sino en las personas en el corazón. Esto es lo que Pablo expresó al escribir, Todas las cosas son puras para los puros, mas para los corrompidos e incrédulos nada es puro, sino que tanto su mente como su conciencia están corrompidas (Tito 1:15). Shakespeare expresó esta misma verdad cuando dijo, Nada es bueno o malo, depende del sentido que le des en tu mente. Para mostrar la naturaleza inerte de las acciones y las cosas, enseguida veremos una lista de ejemplos. Todos demuestran que el pensamiento o motivo determina si es algo bueno o es algo malo.
Todos estos ejemplos demuestran que el hecho en sí mismo es indiferente. Su mérito o falta de éste es determinado por la intención del corazón. Todas las cosas son puras para los puros, mas para los corrompidos e incrédulos nada es puro.
II. Principios que gobiernan nuestra libertad en cosas indiferentes. Cuando un caso nuevo es juzgado en las cortes, se convierte en un caso de prueba. La decisión rendida es usada al juzgar otros casos que contienen principios similares. Hay dos casos de prueba en las Escrituras referentes a la libertad cristiana. Ambos envuelven cosas indiferentes el comer ciertos alimentos y la circuncisión. El veredicto concerniente al comer carne demanda (1) que el cristiano sacrifique sus libertades si ponen en peligro a otro discípulo, y (2) que su libertad debe ser ejercitada con dominio propio. Concerniente a la circuncisión, el veredicto prohibe que impongamos nuestros escrúpulos sobre otros limitando así su libertad cristiana. Estos veredictos se pueden aplicar a cualquier caso que contenga principios similares en nuestros días. (Lea 1 Cor. 6, 8, 10; Rom. 14; todo Gálatas; Hech. 15).
III. Nuestra libertad es limitada por el dominio propio. El hombre nunca debe ser esclavo de cosas intrascendentes. Todas las cosas me son lícitas, pero no todas son de provecho. Todas las cosas me son lícitas, pero yo no me dejaré dominar por ninguna. Los alimentos son para el estómago y el estómago para los alimentos, pero Dios destruirá a los dos (1 Cor. 6:12-13). Pablo está diciendo, Dios ha creado al cuerpo con sus apetitos, antojos y deseos, y al mismo tiempo Dios ha creado cosas buenas para satisfacer tales deseos, a fin de que el deseo sea satisfecho con moderación y dominio propio, no convirtiéndose en esclavos de los deseos. Tanto el apetito como el alimento (la carne) son indiferentes. Estos no tienen significado especial ante Dios. Pero la comida no nos recomendará a Dios, pues ni somos menos si no comemos, ni somos más si comemos (1 Cor. 8:8). Aplicando este principio a todos los instintos, deseos, impulsos y apetitos dados por Dios, vemos que en ninguno de ellos hay maldad. Considere lo siguiente.
En todas estas cosas el hombre es libre de ejercitar su libertad mientras su corazón sea guardado puro y bajo dominio propio. Por esta causa Pablo enfatiza la necesidad del control de la mente sobre la carne. Digo, pues: Andad por el Espíritu, y no cumpliréis el deseo de la carne. Porque el deseo de la carne es contra el Espíritu, y el del Espíritu es contra la carne, pues éstos se oponen el uno al otro, de manera que no podéis hacer lo que deseáis (Gal. 5:16-17). Así que él dice: a libertad fuisteis llamados; sólo que no uséis la libertad como pretexto para la carne (Gal. 5:13). ¿Acaso todo lo que pudiera llevarnos al pecado es malo? La respuesta afirmativa a esta idea ha llevado a mucha gente a censurar y condenar muchas actividades indiferentes mientras que inconsistentemente aprueban otras prácticas de la misma naturaleza. Cualquier actividad indiferente tiene el potencial de conducirnos a pecar.
No podemos destruir los deseos e instintos que ya discutimos. En el ejercicio de ellos, debemos Velad y orad para que no entréis en tentación Debemos fortalecernos para vivir como Cristianos dignos del honor con que Cristo nos ha investido como hijos libres, no como siervos bajo un yugo de esclavitud. Aquí vemos la necesidad de la pureza de mente y propósito, disciplina mental y dominio propio. Porque no nos ha dado Dios espíritu de cobardía, sino de poder, de amor y de dominio propio (2 Tim. 1:7). Los discípulos deben ser enseñados a respetar el alto llamamiento y la libertad que Dios les ha extendido. La pureza de corazón mantendrá una conciencia viva hacia todas las cosas. Pinocho dejó que el grillito Cri-Cri fuese su conciencia. Un discípulo no debe permitir que el predicador o alguien más sea su conciencia. Cada discípulo debe tener una conciencia propia. Mientras que esto no ocurra en una congregación, es en vano tratar de dirigirla sobre la base de la conciencia del predicador.
El amor impulsaría al discípulo a ceder sus libertades en cosas indiferentes si éstas prueban ser destructivas para el hermano. Todas las cosas me son lícitas, pero no todas son de provecho (I Cor. 6:12; 10:23). No destruyas la obra de Dios por causa de la comida. En realidad, todas las cosas son limpias, pero son malas para el hombre que escandaliza a otro al comer. Es mejor no comer carne, ni beber vino, ni hacer nada en que tu hermano tropiece (Rom. 14:20-21). Pidiéndonos que seamos irreprensibles en el ejercicio de nuestras libertades, Pablo exhorta, no permitáis que se hable mal de lo que para vosotros es bueno (Rom. 14:16). Dichoso el que no se condena a sí mismo en lo que aprueba (Rom. 14:22). La libertad no debe destruir a otros. El caso de prueba que ilustra esto, es el comer carne sacrificada a los ídolos. Al reconocer que la carne no contamina espiritualmente, el discípulo podía comer de tal carne sin considerar al ídolo. Pero el hermano débil que ha escapado de la idolatría, al ver a su hermano comer carne, piensa que éste come en honor al ídolo. Con tal malentendido, este puede ser conducido a comer en honor al ídolo. Sin saberlo, el hermano fuerte induce al débil a pecar. Si el hombre sabe de la debilidad de las convicciones de su hermano, este no debería comer. Esto no significa que este hombre jamás comería carne. Después de instruir al débil apropiadamente, él puede continuar en el ejercicio de su libertad. Por consiguiente, si la comida hace que mi hermano tropiece, no comeré carne jamás, para no hacer tropezar a mi hermano (I Cor. 8:13). ¿Se convirtió Pablo en vegetariano? ¿Qué no más bien usaría discreción en cuanto al comer y a la vez continuaría enseñando en cuanto a la libertad cristiana? Al continuar el mismo pensamiento en el capítulo 9, él declaró su derecho a comer y beber. Por respeto a nuestro hermano debemos evitar aquéllas prácticas que le afectan en su debilidad. Aún nuestras leyes nos hacen responsables de los peligros atractivos que causamos tal como el dejar una escalera en pie donde un niño pudiera subirse y caer. Aunque el bromear con un amigo es algo indiferente, sería un error bromear con una persona temperamental, al grado que esta pierda el control. Este tipo de actividad se practica sin malos motivos, pero muestra falta de respeto hacia otros y no es conveniente porque puede causar la muerte de un hermano.
V. La libertad de otros debe ser respetada. No tenemos derecho a limitar la libertad de otros al imponer nuestros escrúpulos sobre ellos. Los discípulos judíos tenían la convicción doctrinal de que la circuncisión tenía que practicarse (Hech. 15:1). Otros sabían que en Cristo Jesús ni la circuncisión ni la incircuncisión significan nada (Gal. 5:6). La circuncisión en sí misma es indiferente, ni beneficia ni estorba. Pero el imponer éste escrúpulo casi dividía a la iglesia entera. En referencia a estos judaizantes que se habían infiltrado para espiar la libertad que tenemos en Cristo Jesús, a fin de someternos a esclavitud... (Gal. 2:4-9). ¿Acaso Pablo dijo, Puesto que la circuncisión no hace ninguna diferencia, vamos a rendir nuestra libertad y aceptar esta carga para que la iglesia no se divida si estos hermanos se sienten ofendidos? ¡No!. ...a los cuales ni por un momento cedimos, declaró Pablo. Casi solo, el gran Pablo peleó esta batalla por nuestra libertad en Cristo. Aún Pedro casi se había rendido (Gal. 2:11-13). Fue porque rechazó este yugo de esclavitud que el apostolado de Pablo fue puesto en duda por algunos. Este judaísmo había invadido Antioquía. De allí continuaría afectando a toda la obra de Pablo entre los gentiles. ¿Qué es lo que él tuvo que hacer? Tuvo que pelear una batalla para preservarnos libres. Dios lo envió a luchar (Gal. 2:2; Hech. 15). Él ganó la victoria para beneficio nuestro. Si ellos pudieran haber impuesto la circuncisión, otros podrían en nuestros días esclavizarnos con sus escrúpulos demandando un límite a nuestras libertades de estudiar en clases, de usar copas individuales para la comunión, de ayudar a los huérfanos, de cooperar en el evangelismo, de edificar una congregación numerosa, de comer en el edificio, y cualquiera que sea el escrúpulo local. Aunque el abuso de cualquier práctica indiferente y todas estas son indiferentes- puede conducir al pecado, no somos condenados por la práctica moderada de estas cosas. Luego que la batalla fue ganada, ¿Qué actitud mostró Pablo? En lugar de seguir presionando hasta dividir la iglesia, él hizo concesiones para promover la unidad en amor. Después de probar que la circuncisión no podía ser impuesta sobre Tito, él tomo a Timoteo y lo circuncidó por causa de los judíos (Hech. 16:3). Después, Pablo recogió una colecta de los gentiles y la llevó nada menos que a aquéllos que lo estaban excluyendo del reino de Dios. Tal vez él tenía un motivo mayor que el ayudar a los pobres. Al llevar esta dádiva a Jerusalén, él estaba de acuerdo en purificarse en el templo como una concesión para hacer las paces (Hech. 21:26). Todo esto lo hizo después de haber ganado el caso. Concesiones por amor se pueden hacer sin ser despojado de sus libertades. Estas son necesarias para preservar la unidad de los creyentes. Los principios no pueden ser aplicados con legalismo. Estos son aplicados a través de juicio personal, Las circunstancias cambian el caso. Así que Pablo exhorta que estéis enteramente unidos en un mismo sentir y en un mismo parecer (1 Cor 1:10). La fe que tú tienes, tenla conforme a tu propia convicción delante de Dios (Rom. 14:22). También, Aceptad al que es débil en la fe, pero no para juzgar sus opiniones (Rom. 14:1). Si fuésemos esclavizados por los escrúpulos de los demás, no podríamos usar una traducción moderna de la Biblia, no se permitiría que un cuarteto cantara en la asamblea, ni comer en un edificio de la iglesia, no se permitiría a los Boy Scouts reunirse en nuestro edificio, no podríamos servir vino en lo absoluto, ni poner una cruz en el edificio, ni levantar las manos al orar o tronar las manos en la alabanza. No podríamos usar peinados modernos, ni dar dinero a la Cruz Roja y la lista no terminaría. Pero muy pocas de estas restricciones se deberían a los escrúpulos del hermano débil. Mas bien serían impuestas por predicadores, ancianos, y otros individuos fuertes que nos privarían de nuestra libertad al imponer sus convicciones sobre nosotros.
VI. La maldad mezclada con el bien. ¿Debemos evitar algo en lo cual la maldad esté mezclada con el bien? De nuevo la pureza del propósito determina el caso. Solo el bien será buscado por los puros de corazón. Pero la maldad está en todas partes. En una forma u otra se encuentra presente en los periódicos, la radio, la televisión, el cine, ciencia-ficción, historia, en la Biblia, en la escuela, en el lugar de trabajo, en negocios, en los juegos, en la iglesia y en el hogar. En todas estas cosas, nuestro propósito es aceptar el bien mientras que ignoramos el mal que incidentalmente se encuentra mezclado con el bien. La rosa tiene espinas a su alrededor. Aunque no nos gustan las espinas, ellas no nos estorban al disfrutar de la rosa. Al disfrutar de la rosa, aprendemos a prevenir el ser lastimados por las espinas. Así es la presencia del mal, el cual no debe eliminar la libertad de poder gozar de lo que es bueno.
VII. Conclusión. Para libertad fue que Cristo nos hizo libres, por tanto, permaneced firmes, y no os sometáis otra vez al yugo de esclavitud (Gal. 5:1). Al ejercitar nuestra libertad cristiana, debemos evitar convertirnos en esclavos de:
(Publicado por primera vez en Firm Fundation, Feb 7, 1961)
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