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Capítulo 24
EL RIACHUELO LIBRE
Para encontrar su curso, un riachuelo cambia de un lado a otro. Aunque recibe contaminantes constantemente, el riachuelo tiende a purificarse a sí mismo. Póngale una presa y se estanca, desarrollará todo tipo de fango y mugre. El riachuelo que corre libremente está en proceso contante de purificación, aunque nunca será puro en el sentido más estricto de la palabra. Así es con la iglesia. Los discípulos libres y autónomos deben tener la libertad de conducirse sin restricciones por parte de gobiernos terrenales. La gente libre tal vez varíe en interpretación y entendimiento en diferentes congregaciones y en diferentes generaciones. La iglesia tal vez vaya de un extremo hasta el otro en su constante búsqueda de su curso. La iglesia siempre tendrá peligro de impurezas, por lo tanto, siempre estará en estado de reforma, pero por estar compuesta de humanos imperfectos, nunca será completamente libre de defectos. Una generación no puede cristalizar y dogmatizar un sistema con el fin de garantizar que sus conceptos se impongan sobre la siguiente generación para asegurar la fidelidad de ésta. Los esfuerzos por controlar a la siguiente generación, son intentos de forzar la unidad atravez de la conformidad. Cuando el riachuelo es represado, se estanca y empieza a depender de la procreación intelectual, que da a luz todo tipo de monstruosidades doctrinales. El control puede originarse en hombres de buenas intenciones y propósitos inocentes. En los primeros siglos, los obispos reconocían la ignorancia y la vulnerabilidad de muchos de los discípulos, así que comenzaron a dar reglas al rebaño de lo que es bueno y lo que es malo. Ellos trataban de identificar una ortodoxia final y absoluta, y demandaban conformidad para evitar herejías. Pensando en proteger al ignorante, construyeron cercos interpretativos alrededor de la ley. Así ellos comenzaron a represar el riachuelo con sus reglas. Estos ancianos/obispos se convirtieron en la elite espiritual y se sentían calificados para convertir sus interpretaciones en requisitos absolutos. En aquellos tiempos no se creía necesario que la gente conociera las escrituras. ¿Para que aprender de las escrituras, si de cualquier manera uno depende del obispo para instrucción e interpretación? Evidentemente esto llevó a la conclusión lógica que a las personas se les prohibió estrictamente interpretar la Biblia por sí mismos. Si una persona interpretaba diferente que los obispos, pecaba, porque ellos eran la voz autoritaria gobernante. ¡Así se volvió pecado leer la Biblia! ¡Y todo esto nació de buenas intenciones! Las enseñanzas mal entendidas no causaron la apostasía, sino el poder de los obispos, quienes represaron el riachuelo. ¡Y qué estancamiento produjeron! Sus fangosos y monstruosos conceptos han contaminado a cada discípulo sobre la faz de la tierra a partir de aquellos tiempos. Aunque los reformadores con esfuerzo han producido cuarteadas en la presa, el riachuelo nunca se ha purificado completamente de sus grotescas influencias. Por eso es que yo suspiro cuando oigo que ancianos ponen reglas para el pueblo de Dios en nuestros días. No es que yo no ame y respete a los ancianos. Cuando ellos ponen códigos de vestimenta, especifican cual versión de la Biblia uno debe usar, legislan en cuanto al número de reuniones a las que uno tiene que asistir, le dicen a la gente qué es lo que necesitan creer para permanecer en el grupo, etc., ellos tratan de proteger y fortalecer al rebaño, pero estos son pasos que van en la dirección de convertirse en la elite de interpretación, control y gobierno. Así el impuro proceso comienza de nuevo. Otros tal vez se sujeten a señores, pero ¡No ha de ser así entre vosotros! (Mat. 20:26). Permitamos que los santos de cada congregación sean libres para interpretar por sí mismos, y dejemos que sean libres del lujo impuro de juzgarse unos a los otros. Ellos tal vez tiendan hacia la izquierda o a la derecha, pero ellos constantemente tratarán de corregir su curso por su propio deseo de seguir la verdad. Si ellos no tienen éste deseo, ningún gobierno, ni credo, ni presa los mantendrá en la verdad. Una clase elitista de gobernantes lleva a la esclavitud. Dejemos que la comunión de los santos sea un riachuelo que fluye libremente purificándose a sí mismo.
Seamos LIBRES EN CRISTO-
...libres para proclamar a Cristo como nuestro único credo ...libres de los esfuerzos de justificación legalista ...libres en aceptar la gracia que nos es impartida gratuitamente ...libres de condenación por fe en Cristo ...libres para amar a todos, así cumpliendo la ley ...libres para interpretar las escrituras honestamente ...libres de la interpretación de la ley de Cristo como un código de leyes ...libres de cuotas y deberes impuestos por otros ...libres para ejercitar nuestras libertades cristianas ...libres de imponer nuestras opiniones sobre los demás ...libres para amar y aceptar sin prejuicios ...libres del exclusivismo ...libres para unirnos en Cristo y no en conformismo doctrinal ...libres de un nombre distintivo, o la necesidad de un nombre ...libres para ofrecer sacrificio vivo de continua adoración ...libres de la confianza en guardar rituales sagrados ...libres para adorar espontáneamente ...libres para tener comunión con todos los discípulos ...libres de hombres que quieran ser nuestros gobernantes espirituales ...libres para servir en congregaciones autónomas ...libres para re-evaluar todas las cosas ...libres para aprender, cambiar, crecer y madurar
Jesús murió para darnos ésta preciosa libertad. Así que si el Hijo os libertare, seréis verdaderamente libres (Juan 8:36). ¡Así sea!
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