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Libere En Cristo

Índice

    Prefacio Del Autor

  1. Los Asuntos Que Nos Ocupan
  2. Ley Y Principios
  3. ¿Que Es La Ley De Cristo?
  4. ¿Por Qué Es El Amor El Mandamiento Más Grande?
  5. Algo Más Grande Que La Ley
  6. Doctores De La Ley
  7. El Ejercicio De La Libertad Cristiana
  8. Evangelio Y Doctrina
  9. Nuestro Credo
  10. Falsos Maestros
  11. ¿Por Qué Denominarnos?
  12. Libres De Sectarismo
  13. Bautismo Sectario
  14. Religión En Forma De Pastel
  15. Adoración Por Demanda
  16. Libre Expresión: Nuestra Respuesta A La Gracia
  17. Reduciendo La Taza De Mortalidad
  18. Salvación En Diferentes Épocas
  19. Identidad De La Iglesia
  20. ¡Esta Lección me asusta!
  21. Sirvientes Que Se Convirtieron En Amos
  22. Flexibilidad En Organización
  23. Autónoma O Episcopal
  24. El Riachuelo Libre
  25. Lo Que Dios Requiere

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Capítulo 23


AUTONOMA O EPISCOPAL


Mientras que hablamos mucho de que nuestras congregaciones son autónomas, en realidad muchas son episcopales en su forma de gobierno.

La autonomía es auto gobierno. El gobierno de ancianos/obispos es un gobierno episcopal/presbiteriano. Para que una congregación sea autónoma, los miembros deben aprobar a quienes nombran en posiciones de liderazgo y de servicio, y también deben continuar ejercitando la aprobación o desaprobación de los que ya están sirviendo. Una vez que algunos de estos derechos se ha perdido, la autonomía se ha esfumado y se ha establecido el episcopado.

Tenemos la tendencia a confundir independencia con autonomía. Un grupo puede ser independiente de todos los demás y no ser autónomo, así como una nación puede ser independiente, pero por ser gobernada por un rey o dictador no electo, no es autónoma. La operación terrenal de la iglesia es democrática aunque en su forma espiritual es un reino en el cual Cristo es el Rey.

Si la voluntad de la mayoría no es respetada, entonces el auto gobierno es reemplazado por el gobierno de una minoría. Si los ancianos asumen el poder y hacen que sus decisiones se hagan ley para la iglesia, esto se convierte en un gobierno episcopal y en un señorío. Si ellos ejercitan una autoridad contraria a la voluntad de la mayoría, se están enseñoreando del rebaño. El anciano que sirve bajo la oposición de un gran segmento de la congregación está actuando con señorío.

Si los ancianos son puestos en el papel de hacer decisiones por el grupo, sus decisiones deben mantenerse dentro del ámbito de las opiniones. Un programa de actividades o un horario de servicios establecido por los ancianos no tiene mayor autoridad que el que es puesto por una junta de una iglesia que no tiene ancianos. El ejercitar la autoridad de mandar en estas decisiones robaría a la congregación su derecho sagrado de auto gobierno.

Si los ancianos, en una iglesia en casa con un anciano o en una congregación con varios, sirven de pastores para las necesidades espirituales del rebaño en lugar de ser gobernantes/toma decisiones/administradores, ellos cumpliran el propósito para el cual fueron puestos. Si dejaran de ser símbolos de autoridad, serían quitados de la estructura de poder y de las pugnas que los envuelven en tanta controversia.

Los ancianos son escogidos para vigilar la congregación, pero una iglesia no puede darles el poder de legislar. Una minoría no puede seleccionar a hombres que supervisen a todo el rebaño sin que el grupo pierda su autonomía. Para que los dirigentes representen a un grupo autónomo, todo el grupo debe tener la oportunidad de votar a favor o en contra. Sí ¡votar! De la manera en que comúnmente se lleva a cabo el proceso de selección, la única voz que la gente tiene es al criticar a alguien después que ha sido nominado. El poner objeciones a un hombre que los ancianos han seleccionado equivale a poner en duda el juicio de ellos, así que la voz de un individuo es silenciada por medios de intimidación. El ejercer un voto negativo solo puede crear sentimientos malos entre el nominado, el opositor y otros en la iglesia. Un voto en secreto sería más positivo, honesto y representativo de toda la gente.

“Si los ancianos fueran seleccionados en base al voto popular, se tornaría en una carrera política,” dirá usted. ¿Acaso niega usted que haya política y luchas por el poder en la iglesia a través de nuestros métodos tradicionales? “!Se convertiría en un concurso de popularidad, y hombres no calificados podrían ser electos!”. ¿Quiere usted decir que la congregación no es capaz de juzgar y que debe ser un grupo elite el que seleccione a los nominados? ¿Qué hay de malo con que un anciano sea popular? No lo digo con mucho placer, pero hay muchos ancianos que no hubieran obtenido una mayoría de votos de parte de la iglesia. ¿Cómo puede uno ser un dirigente efectivo si no es querido o no tiene la confianza de aquellos a quienes pretende dirigir? Un hombre que no está de acuerdo con el voto mayoritario, está celoso de su posición y tiene espíritu de señorío.

Cuando los ancianos ya establecidos limitan a la iglesia a sus propias designaciones, el grupo ha perdido su libertad, y los ancianos se han convertido en un grupo auto-elegible. ¡La selección se vuelve tan libre como una elección Rusa! (¡Aunque aun ellos han cambiado!).

Las escrituras no establecen la duración de los ancianos, así que la duración de su término es dejada a nuestro juicio. Si elegimos ancianos y designamos una duración específica, podemos quitar a alguien simplemente al no reelegirlo. En nuestro sistema presente, un anciano puede ser quitado únicamente creando un gran escándalo nada grato en la iglesia.

Los ancianos deben ser pastores del rebaño y no un comité de directores administrando desde un cuarto de juntas. Los ancianos deben estar envueltos principalmente en el cuidado espiritual de los miembros. Los asuntos de la congregación pueden ser llevados a cabo por siervos seleccionados, comités y por la congregación entera. Todos los asuntos deben tener la aprobación de la congregación en general. Claro está que no siempre se puede distinguir fácilmente entre el cuidado espiritual y los negocios de la iglesia. Ni los ancianos ni algún otro grupo dentro de la iglesia tienen el derecho de obligar a la congregación a gastar su dinero, tiempo o trabajo sin consultar a la gente y tener su aprobación. Los ancianos con frecuencia inician ciertos programas sin consentimiento y luego esperan cooperación, luego se quejan de la falta de entusiasmo de aquéllos a los que se les imponen esas cargas. No es que la carga sea pesada, sino la pérdida de libertad en escoger.

¿Quién debe tener la última palabra en la congregación? Si sentimos que debemos establecer una estructura de autoridad entre los discípulos, por lo menos tenemos éstas cuatro alternativas de dónde escoger o para integrar en conjunto.

  1. Algunas situaciones indican que la iglesia entera hacía sus propias decisiones. (Hech. 6:1-6; 11:29s; 15:1-4; 15:22,30-32,33,35).

  2. Debemos sujetarnos a nuestros dirigentes, los cuales no están identificados como ancianos (Heb. 13:7; 1 Cor. 16:15s; 1 Tes. 5:12s).

  3. Estas referencias indican que los evangelistas tienen la autoridad final (1 Tim. 4:11; 5:20; 2 Tim 4:1s; Tito 1:5; 1 Tes. 5:12s; Heb. 13:17; Ef. 4:11s).

  4. Algunos aceptan a los ancianos como autorizados para hacer las decisiones (Hech. 20:28; 1 Tim 3:4s; 5:17; Ef. 4:11s; Heb. 13:17).

Parece ser evidente que ninguna de éstas alternativas está establecida exclusivamente como la voz de autoridad en la congregación. Las diferentes circunstancias dentro de los varios grupos permitirían mucha flexibilidad en atender a sus propias necesidades, mientras que éstos respeten el sacerdocio de cada uno de los creyentes. Ya sea que una de éstas formas sea aceptada o una mezcla de las cuatro, ninguna será efectiva a menos que los discípulos se sujeten los unos a los otros en amor (Ef. 5:21; 1 Ped. 5:5). Los edictos autoritarios no resuelven los problemas.

Usted no debe tener gobernantes espirituales sobre la tierra porque ellos no interceden entre usted y Dios. Al ser un sacerdote que sirve a través del Sumo Sacerdote, usted no necesita permiso de nadie para servir y adorar de acuerdo a lo que usted entiende que es la voluntad de Dios. Usted está libre de dejar una congregación y juntarse con otra o de empezar una nueva congregación.

Dios pudo haber establecido una estructura de autoridad para las iglesias en una sola oración escrita en las epístolas, pero no lo hizo. Aún así, nosotros continuamos en nuestro afán por tratar de establecer un sistema de autoridad que sea parte de un patrón necesario de organización. ¿Por qué no ser lo suficientemente sabios para reconocer la sabiduría de Dios y la flexibilidad que dio a la iglesia para que ésta se adaptara a las circunstancias locales?. Esta flexibilidad se puede mantener únicamente en congregaciones autónomas, donde hay el espíritu de unidad y fidelidad.