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Capítulo 22
FLEXIBILIDAD EN ORGANIZACIÓN
Recientemente, un anciano me dijo que, si una iglesia tuviera un anciano que no fuese de acuerdo a las escrituras, la congregación entera estaría en pecado. ¡Aún los jóvenes! Al igual que muchos otros, él cree que la iglesia es una organización y que nos identificamos con Dios a través de un patrón de organización. Nuestro patrón tradicional de congregaciones independientes, cada una de ellas con ancianos y diáconos, a menudo se considera un asunto de vida o muerte. Algún tipo de flexibilidad es inconcebible. Pero ¿qué parte del Nuevo Testamento pone tanto énfasis en la organización? Nuestra relación de salvación es con Cristo y no con alguna estructura autoritaria del hombre. ¿En dónde se encuentra algún patrón establecido? Dios pudo haber establecido uno plenamente, pero no lo hizo. ¿Por qué tratamos de hacer nuestro acceso a Cristo a través de una organización específica? Esta interpretación afirma, que todas las iglesias que tienen hombres calificados, deben establecerlos como ancianos que sirvan de por vida, porque son nominados y porque no se presentan objeciones escriturales firmadas y por escrito. Las nominaciones a menudo son hechas por ancianos ya existentes. En muchas iglesias, cuando éstos ancianos son establecidos, se les da autoridad de hacer decisiones que se vuelven mandamientos, a los cuales la iglesia se debe someter bajo la amenaza del infierno. Esta es una cuestión de tradición y no escritural. Los que son salvos en Cristo no son una organización, aunque pueden organizarse para cooperar en alguna obra. Al juntarse para alguna obra de edificación, no es necesario que haya un patrón estructural inflexible para que se puedan identificar como discípulos del Señor. La forma más sencilla de una iglesia puede ser la de una madre que vive en un área lejana con sus hijos, sin algún programa formal de trabajo o de reuniones fuera de su hogar. Un grupo de mujeres también puede formar una congregación al igual que Lidia y su casa en Filipos. En Romanos 16, Pablo envió saludos a lo que pudiéramos llamar iglesias en casas, y no hay indicación en la epístola de que haya existido una organización o una asamblea más grande en la iglesia de Roma. Jerusalén presenta un cuadro más complejo de la iglesia, aunque no está en conflicto con el cuadro que vemos en Roma. Al principio de los Hechos, había 5,000 hombres (4:4), cuyo número se multiplicó en gran manera (6:7). Algunos escritores sugieren la posibilidad de que había 100,000 discípulos en la iglesia de Jerusalén. Es difícil que ellos se reunieran en una sola asamblea. De hecho, sabemos que se reunían de casa en casa (Hech. 2:46; 5:42; 8:3). Aún así, no leemos de iglesias (plural) en Jerusalén; siempre se menciona la iglesia. Estos grupos que se reunían en casas operaban dentro del ámbito de la iglesia de Jerusalén. Ellos se podían reunir en sus casas para sus actividades comunes y aún así estar envueltos en la comunión que se extendía por toda la ciudad. Una iglesia en casa podía establecer uno o varios ancianos y así éste o éstos ancianos, estarían incluidos en los ancianos que se mencionan en la iglesia de Jerusalén. Todos estos grupos pequeños (y grandes) podían colaborar entre sí a través de sus ancianos. Ya que no se mencionan grupos distintos de ancianos, parece ser que había solo un cuerpo de ancianos en Jerusalén, y al mismo tiempo, es enfático que había diferentes lugares de reunión. Había reuniones centrales para la predicación y enseñanza en el templo (Hech. 2:46; 5:20,25,42), pero sería irreal suponer que treinta, sesenta o noventa mil discípulos se reunieran allí regularmente. Aunque leemos que toda la iglesia se reunió en el concilio de Jerusalén (Hech. 15:22), no podemos pensar que esta reunión incluía a los varios miles de discípulos en una sola asamblea. Esto mas bien significa que toda la iglesia estaba allí por representación. Una congregación puede no tener ancianos, o sólo un anciano. Otra puede establecer diáconos para que éstos sirvan mientras no hay ancianos, así como se escogieron varios siervos especiales en Jerusalén anteriormente. Otra iglesia puede que sea supervisada por un evangelista. También puede haber iglesias que siguen nuestro patrón tradicional teniendo un programa altamente organizado. Algunas iglesias puede que trabajen independientemente, mientras que otras tal vez decidan unir ciertos esfuerzos. Ninguna de las alternativas aquí presentadas ofrecen un patrón exclusivo, sino que son sugerencias de gran flexibilidad y adaptabilidad para grupos de discípulos. Para los que creen que existe un patrón estricto, algunas de estas cosas les sonarán escandalosas. Pero espere, ¡el terremoto aún no ha terminado! No hay mandamientos o instrucciones en el Nuevo Testamento para que una iglesia establezca ancianos, ni hay un solo ejemplo de que una iglesia haya establecido ancianos. Las cualidades de los ancianos no fueron escritas a las congregaciones ni a ancianos ya establecidos. Ancianos en cada ciudad (Tito 1:5) no significa una pluralidad en cada congregación, ya que pudiera haber muchas iglesias o grupos en casas a través de toda la ciudad. Ancianos (plural) en cada cuidad no equivale a ancianos (plural) en una ciudad. En este estado, presidentes municipales son electos en cada ciudad, pero nadie entiende esto como queriendo decir que presidentes municipales (plural) son electos en una ciudad. Maridos, amad a vuestras mujeres (Ef. 5:25) no obliga a que un hombre ame a una pluralidad de mujeres, ni obliga a una mujer a que tenga una pluralidad de maridos. Aunque Pablo y Bernabé ordenaron ancianos en cada iglesia (Hech. 14:23), ellos no mandaron que ésta fuese una práctica universal. Había ancianos en la iglesia de Jerusalén, pero esto no quiere decir que había ancianos en cada iglesia-casa que la componían. Si tal ejemplo es mandamiento, entonces no podemos tener una iglesia si no hay ancianos, porque ellos establecieron ancianos en cada iglesia. No se menciona por cuanto tiempo eran ancianos. A los ancianos no se les dio autoridad de legislar decisiones convertidas en mandamientos. Nadie se interpone entre el hombre y su Dios; todos somos iguales ante Él. Aunque algunas versiones usan la palabra gobernar relacionada con el trabajo de los ancianos, tal palabra tiene el significado de liderazgo en lugar de autoridad. Hay instrucciones para que un evangelista establezca ancianos (Tito 1:5), y hay un ejemplo de que un evangelista estableció ancianos (Hech. 14:23). Las listas de cualidades fueron enviadas a los evangelistas Timoteo y Tito, y no a los ancianos de las iglesias. Timoteo estaba en Efeso cuando Pablo le escribió. Había ancianos en Efeso antes de ese tiempo. ¿Por qué no envió Pablo la descripción de ancianos a los que ya había en Efeso en lugar de enviársela a Timoteo? ¿Por qué no incluyó tal descripción en la Carta a los Efesios en lugar de incluirla en la carta a Timoteo? Cuando Pablo habló con los ancianos Efesios en Mileto antes de escribir la carta a los Efesios y la de Timoteo, les advirtió que algunos de los ancianos se tornarían destructivos (Hech. 20:24-30). La corrección de éstos no fue dejada en manos de la iglesia de Efeso ni a los otros ancianos, sino que el evangelista iba a escuchar las acusaciones y reprender a aquellos ancianos que persistieran en pecar. El evangelista ejercitaría esta autoridad teniendo cuidado de escoger, no imponiendo las manos a la ligera. Esta era una tarea de tal magnitud que pudiera causar indigestión y úlceras al evangelista. Este necesitaría un poco de vino para calmar sus nervios. ¡Amén! (1 Tim. 5:17-23). Los ancianos no son necesarios. Son convenientes. Una iglesia puede llevar a cabo sus actividades por muchos años en una forma democrática. Sus decisiones no son ley, el grupo solo ruega por unidad de espíritu y lealtad. Mas después, tal vez elijan hombres que supervisen al grupo, éstos ancianos tal vez decidan continuar con el mismo programa de actividades. La decisión de los ancianos no tiene mayor peso que la del grupo mismo. Ellos solo pueden seguir buscando la unidad y lealtad. Entonces, ¿para qué tener ancianos? Cuando un grupo crece en número, la supervisión del mismo se convierte en algo complicado. Un grupo pequeño de hombres puede facilitar estas actividades mejor. El grupo puede seleccionar a hombres con mayor talento, liderazgo, entendimiento y espiritualidad para mayor eficiencia. Estas son razones de juicio y de conveniencia. Siervos Diáconos Ministros Los diáconos son necesarios. Cualquiera que tenga un cargo especifico en la iglesia es un siervo. Nos haríamos un bien si olvidáramos la palabra sintética y perjudicial: diácono, que es una palabra griega transliterada que significa siervo o ministro. Un diácono es un siervo y servir equivale a ministrar. Un siervo/diácono/ministro (SDM) es uno que sirve. Un SDM de la iglesia es uno que es puesto por la iglesia para servir y no es un oficial de algún comité. Un hombre puesto a cargo de la tesorería, de dirigir cantos, de servir la Cena del Señor o de cortar el césped es un SDM. Una mujer que enseña una clase, ayuda a cuidar niños o publica el boletín es un SDM. He oído y leído acerca de varios esfuerzos para dar una descripción del trabajo de los diáconos. Éstas son búsquedas forzadas y vanas para mantener un concepto tradicional. La única descripción del trabajo de ellos está en las palabras siervo o ministro. Algunos siervos (diáconos tradicionales) no sirven, mientras que otros que sirven no son siervos (diáconos tradicionales). Mucha de nuestra confusión se deriva de nuestra interpretación legalista de las cualidades de un SDM (1 Tim. 3:8-13). Pablo está diciendo que sólo personas justas deberían representar a la congregación en cualquier puesto de servicio. El o ella tiene un sello de aprobación cuando es seleccionado(a) para una actividad pública. No impongas las manos con ligereza(1 Tim. 5:22) para que no seamos partícipes de los pecados de personas indignas aprobadas para ocupar un puesto. Un absurdo de nuestra interpretación es evidente cuando escogemos a un SDM de púlpito o un dirigente de cantos a quien no le llamaremos sirviente (diácono tradicional) porque no tiene hijos. Otros, porque tienen hijos, son puestos como siervos (diáconos) de nombre, quienes a menudo no se les asigna alguna área de servicio; aún así estos ocupan un puesto y ¡sus nombres aparecen en las cartas membreteadas!. Una persona es un SDM de la iglesia sólo en el área que le es asignada a él o ella. Cuando su obra es concluida, su nombramiento ha cumplido su propósito y él o ella deja de ser SDM. Algunas mujeres han sido incluidas por Pablo como alguien que calificaría de igual manera para el servicio de la congregación (1 Tim. 3:11). La aplicación de éste pasaje a las esposas de los diáconos, es una evasión nacida de la interpretación legalista. ¿Por qué Pablo habría de dar requisitos para las esposas de los SDMs y guardar silencio en cuanto a las esposas de los ancianos? Tanto para hombres como para mujeres, en esto se resume: No tiene un trabajo asignado no es SDM; Tiene una actividad asignada es un SDM. Todos nosotros servimos al Señor, pero no todos tienen alguna asignación en la congregación, por lo tanto, no todos son siervos de la iglesia. Una iglesia sin ancianos puede asignar tareas así como la iglesia en Jerusalén escogió siervos para una tarea específica (Hech. 6:1-6). Una iglesia debe tener siervos siempre que lleva a cabo una actividad organizada. Espero que los pensamientos propuestos le hagan ver a usted que nuestros refinamientos tradicionales no son necesariamente la autoridad o el modelo para todos. Dios ha permitido cierta flexibilidad aunque usted no haya oído mucho acerca de esto en los púlpitos. Es tedioso enseñar algo que causa incomodidad acerca de los diáconos y ancianos en una congregación. Cuando uno es sostenido por el sistema, uno debe sostener al sistema. No se maraville de que Timoteo necesitara un poco de vino. Los métodos para conducir los asuntos de la iglesia y para seleccionar ancianos no se encuentran especificados en las escrituras. La mayor parte parece ser responsabilidad del evangelista, pero el predicador local de nuestros días no necesariamente corresponde al evangelista del Nuevo Testamento. El evangelista les trajo el evangelio, por lo tanto él era el más indicado en la formación de la congregación. Este es el papel que Pablo, Bernabé, Timoteo y Tito desempeñaron, lo cual les calificaba para establecer ancianos. Los discípulos de Corinto debían reconocer y estar sujetos a la casa de Estéfanas por la obra de ellos y la estabilidad que mostraron en el desarrollo de la iglesia en aquel lugar (1 Cor. 16:15-18). Lea las epístolas de Timoteo y Tito para ver que los evangelistas ejercían la autoridad de liderazgo. Ellos ya habían mostrado su amor, su entendimiento del grupo y habilidad para dirigir. Así que ellos tendrían la dirección en organizar las actividades congregacionales. Ellos consultarían y tendrían la aprobación de la congregación acerca de quien calificaría para las diferentes tareas. La independencia congregacional y la autonomía son evidentes en las Escrituras, así concluimos que cualquier método que preserva estas cualidades es permitido hoy en día. Puesto que es cuestión del juicio (opinión) de las diferentes congregaciones, debemos permitir que haya flexibilidad porque no todos tienen el mismo pensar.
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