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Libere En Cristo

Índice

    Prefacio Del Autor

  1. Los Asuntos Que Nos Ocupan
  2. Ley Y Principios
  3. ¿Que Es La Ley De Cristo?
  4. ¿Por Qué Es El Amor El Mandamiento Más Grande?
  5. Algo Más Grande Que La Ley
  6. Doctores De La Ley
  7. El Ejercicio De La Libertad Cristiana
  8. Evangelio Y Doctrina
  9. Nuestro Credo
  10. Falsos Maestros
  11. ¿Por Qué Denominarnos?
  12. Libres De Sectarismo
  13. Bautismo Sectario
  14. Religión En Forma De Pastel
  15. Adoración Por Demanda
  16. Libre Expresión: Nuestra Respuesta A La Gracia
  17. Reduciendo La Taza De Mortalidad
  18. Salvación En Diferentes Épocas
  19. Identidad De La Iglesia
  20. ¡Esta Lección me asusta!
  21. Sirvientes Que Se Convirtieron En Amos
  22. Flexibilidad En Organización
  23. Autónoma O Episcopal
  24. El Riachuelo Libre
  25. Lo Que Dios Requiere

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Capítulo 21


SIRVIENTES QUE SE CONVIRTIERON EN AMOS


Hay tres siervos que se han convertido en nuestros amos, y aún cuatro que vinieron a servir al pueblo de Dios y se quedaron para gobernar. Estos siervos que nos han traicionado son (1) la Escuela Dominical, (2) el ministerio asalariado, (3) el edificio de la iglesia, y (4) el presupuesto.

Recursos y métodos buenos y convenientes pueden ser usados en el cumplimiento de nuestros objetivos espirituales. Estos recursos y métodos, sin embargo, deberían servir a nuestras necesidades y no usurpar la responsabilidad individual, limitando la iniciativa propia, o convirtiéndose en un yugo sobre nuestro cuello. Estos cuatro sirvientes han violado la confianza que hemos conferido sobre ellos.


1. LA ESCUELA DOMINICAL. Yo recuerdo que cuando yo era niño se iniciaron las clases bíblicas en nuestra área. Muchos discípulos sinceros creían que era pecaminoso el dividir la asamblea en clases para enseñar. Sin embargo, la mayoría de las congregaciones añadieron las clases, y tal sistema se desarrolló al grado que ahora muchos discípulos sinceros creen que es pecado el no asistir a las clases. Supongo que uno ha vivido demasiado tiempo cuando vive desde que era pecado asistir a las clases hasta que se hizo pecado el no asistir a ellas.

Las clases bíblicas fueron organizadas para suplementar la enseñanza individual y la del hogar. Eran una ayuda para los padres de familia. Pero gradualmente, a causa de nuestra falta de discernimiento en promover las clases, estas usurparon la responsabilidad del hogar. La mayoría de los hogares Cristianos, me temo, no participan en la enseñanza regularmente. Si los padres ceden la responsabilidad a la iglesia, las clases ya no son un siervo –un suplemento; se han convertido en el gobierno de la educación espiritual de los niños. Así, cuando el programa de la iglesia parece ineficaz, los padres pueden quejarse, “La iglesia no hace lo suficiente por mi hijo”, y se puede cambiar a otra congregación que tenga mejor programa para los jóvenes.

El programa de Dios para la juventud está en el hogar, su escuela es su casa, y sus maestros son sus padres. Si los padres invirtieran diez minutos diarios en leer, enseñar, orar y relacionarse espiritualmente con sus hijos, lograrían mucho más que lo que podría lograr la asistencia perfecta a las clases de la iglesia.

La enseñanza de los padres hace de la espiritualidad una parte de la vida real. De otra manera, les estamos dando a nuestros hijos un mensaje de que la religión es de otro ámbito –que se lleva a cabo en el edificio de la iglesia, únicamente cuando estamos juntos con gente de la iglesia, en un lenguaje santo como el de la versión King James (version en Inglés considerada por muchos como la única traducción no pervertida de la Biblia), con maestros profesionales quienes a menudo emplean un tono de voz que no es natural. Pero en el hogar es donde ocurre la vida diaria, la interacción de los padres hace de la escritura algo práctico. Enfatiza que la religión tiene que ver con la vida diaria y no con actividades semanales o estudios entre semana de la iglesia. Los padres pueden adaptar la enseñanza a las necesidades de la vida diaria del niño.

Sería muy difícil volver a establecer la práctica de ésta responsabilidad paternal, así como no fue fácil instituir el sistema de clases bíblicas que usurpan nuestra responsabilidad. Si gastáramos sólo una parte de los esfuerzos, tiempo, énfasis y dinero que hemos gastado en entrenar y mantener el sistema de clases y nos enfocáramos en restablecer la enseñanza en el hogar, entonces las clases se convertirían de nuevo en sirvientes.


2. EL MINISTERIO ASALARIADO. Si no hemos de poner bozal al buey que trilla –el anciano que trabaja en predicar y enseñar –si consideramos que “digno es el obrero de su salario” (1 Tim. 5:17s), entonces la validez del ministerio asalariado queda establecida. Cada servicio ocupacional engrandece y suplementa la obra de los demás. Colectivamente los discípulos pueden lograr lo que no pueden hacer individualmente. Pero la responsabilidad individual viene primero. Cuando la responsabilidad individual es dejada en manos de un programa de la iglesia, entonces el siervo se convierte en amo.

En 1 Cor. 9, Pablo afirma el derecho de los evangelistas asalariados, pero el gran apóstol y evangelista nos muestra una forma preferida al ser evangelista constructor de tiendas.

Nuestro movimiento comenzó y creció con unos pocos ministros asalariados. Ancianos y otros hombres capaces enseñaban y edificaban a las congregaciones. El sostenimiento era dado más comunmente a los evangelistas. Gradualmente, el énfasis cambió de dirección y el sostenimiento de evangelistas fue suplantado por el sostenimiento de los ministros. Muchos de nosotros todavía nos llamamos evangelistas/predicadores, aunque nuestra función primaria es el ministrar a los salvos. El ministerio ha ganado prioridad, y es sólo hasta que el ministerio es sostenido que entonces consideramos el sostener el evangelismo.

El ministro se ha convertido en esencial. Se piensa que una congregación no puede tener éxito sin un profesional asalariado. Una congregación pequeña pedirá a gritos por todo el país que le ayuden a sostener un ministro para que la salve del fracaso y tenga la promesa de prosperidad. Un mensaje formal del púlpito es considerado una necesidad dos veces cada Domingo. Hay una innumerable cantidad de ministros no profesionales quienes están calificados y están dispuestos a servir en los púlpitos de las iglesias por toda nuestra nación, pero no se les da la oportunidad porque no son profesionales. Se hacen ofertas de salario a quienes tienen talento para predicar, como si fueran atletas, mientras que los campos misioneros están vacíos.

La función de los maestros no es tan importante en nuestros días como lo fue en la iglesia en el principio. El mensaje era dado por hombres dirigidos por el Espíritu. Las escrituras existentes tenían que ser leídas y enseñadas a un público sin letras. Ahora la mayoría tiene una Biblia y puede leerla por si mismo, también tienen literatura, cintas, películas, videos, radio, y televisión que les son útiles. Nuestro púlpito ha sido institucionalizado.

Pensamos que mejoramos el trabajo de la iglesia cuando pagamos por todos los ministerios: juvenil, enseñanza, cárcel, solteros, ancianos, evangelismo personal, consejo, trabajo secretarial, conserjería y otros. Todo está bien si éstos ministerios suplementan y ayudan en los esfuerzos de los miembros del cuerpo. Pero el siervo muy fácilmente se convierte en amo cuando las personas dejan su trabajo en las manos de los asalariados. Los servicios rendidos por el personal asalariado no pueden expresar el amor personal y el discipulado en la misma forma que los servicios rendidos por iniciativa personal. Los miembros emplean a estos profesionales para que éstos hagan el trabajo, y cuando tal programa no tiene éxito, aquel profesional es reemplazado por otro que promete mejores resultados, aún si éste requiere de una salario mayor. Los varios dones del cuerpo son opacados y el cuerpo se torna soñoliento.

Reconozco que estoy criticando el mismo trabajo que he desempeñado por toda mi vida en lo que estoy escribiendo. El ministerio profesional se ha convertido en amo en nuestros días. Yo he contribuido en desarrollar el problema, y ahora estoy tratando de ayudar a resolverlo.

Toda idea de que la iglesia no puede prosperar sin un ministerio pagado ha sido probada que es equívoca por nuestro Movimiento en el siglo pasado, esta idea también es probada equívoca por los Mormones, quienes sin personal asalariado están experimentando un crecimiento mayor y más rápido que nosotros.


3. EL EDIFICIO DE LA IGLESIA. No hay mención en los escritos del Nuevo Testamento de propiedad alguna de la iglesia, ni los escritores seculares mencionan edificios de la iglesia hasta principios del tercer siglo. Es necesario un lugar para reunirse, ya sea que la iglesia posea o alquile el edificio o se reúna en un cuarto privado. El edificio llena una necesidad, pero este sirviente, ha emergido de un comienzo obscuro y ha empezado a convertirse en un tirano, gobernando a muchas congregaciones con mano dura.

Muchos de nosotros recordamos cuando nuestros edificios eran como casuchas humildes, lo cual nos causaba un complejo de inferioridad. Así que fue mayormente un asunto de orgullo y no de sabiduría lo que nos movió a poner nuestro dinero en bienes raíces. Hemos llegado a medir el éxito por el tamaño de nuestro edificio aunque nunca se llene, y solamente lo usamos cuatro de las 168 horas de cada semana –¡o menos!

También, hemos sido pocos en número en pequeñas congregaciones, así que también hemos desarrollado un sentido de orgullo en cuanto al número. A medida que nuestras congregaciones han crecido en tamaño, hemos sentido que es imperativo que todos los miembros se reúnan a la vez. Esto ha multiplicado los gastos en nuestras estructuras varias veces. Un edificio con cupo para 300 personas puede servir para mil o mil quinientas personas si se tienen múltiples reuniones. Los ahorros en auditorios, salones de clases, estacionamiento, servicios y mantenimiento, pueden proveer muchos miles de dólares para evangelismo y benevolencia en la mayoría de las congregaciones.

El edificio es rey, viviendo suntuosamente de los recursos financieros mientras que las misiones y los necesitados quisieran poder saciarse de las migajas que caen de la mesa. Hemos oído de ofrendas millonarias para edificios. ¿No sería bueno oír de iglesias con colectas millonarias para evangelismo y misiones? ¡Pero amamos a nuestro rey!


4. EL PRESUPUESTO. La idea de que la iglesia tenga un presupuesto es ajena a las escrituras. Se recogían ofrendas especiales para los pobres, y se le envió cierta ayuda a Pablo para asistirle en sus actividades de evangelización. No hay indicación de que estas ayudas se hayan perpetuado en un programa de presupuesto. Estos ejemplos indican que podemos juntar nuestros recursos en una congregación para hacer una obra que sería demasiado grande para un individuo. Un tesoro común puede ayudar y suplementar el trabajo de individuos. Pero éste sirviente ha crecido convirtiéndose en un amo exigente.

La responsabilidad primaria de ayudar a los pobres, enfermos, ancianos, viudas, huérfanos y gente necesitada es del individuo. Al servir a éstos servimos a Cristo. Este es el carácter de la religión pura. Pero ahora la iglesia ha tomado éstos ministerios y los ha puesto en un programa presupuestario –comúnmente como un 2% del presupuesto – y demanda nuestro dinero para llevarlos acabo. Así que ahora, si una persona tiene hambre, o está enferma, o necesita pagar el alquiler o los servicios y se acerca a un miembro para pedir ayuda, el miembro explica que “¡Lo que pudiera darte lo he dado a Dios!” (Mat. 15:1-9). No te puedo ayudar. Le di mi dinero a la iglesia. Ve a la iglesia donde tal vez puedas ser incluido en el presupuesto impersonal de la iglesia”.

Inclusive hemos oído que a discípulos se les ha advertido en contra de “administrar su propio dinero”, insistiendo que deberían hacer la obra a través de la iglesia, “¡para que la gloria sea para Cristo!”. Así que damos a la iglesia en lugar de dar a individuos. Pero las iglesias no tienen religión; sólo las personas tienen religión. La iglesia ha quitado estas responsabilidades personales de sus miembros, robándoles del gozo de servir y de demostrar un interés convincente hacia los perdidos.

Alguien dirá que la iglesia se marchitaría y consecuentemente moriría si se destronara a éstos cuatro amos. Pero vea de nuevo a las escrituras del Nuevo Testamento. Allí podrá ver que la iglesia no dependía de clases bíblicas, ministerio asalariado, edificios o presupuestos; ¡la iglesia conquistó al Imperio Romano sin éstos amos! El Movimiento Stone-Campbell se convirtió en el mayor cuerpo religioso autóctono de América en el siglo diecinueve con muy poca ayuda de éstos métodos y artefactos. Pudiéramos pensar que no sería posible, pero así sucedió.

En nuestro esfuerzo por volver a las bases, sería sabio que reconsideráramos el lugar de éstas cosas, especialmente cuando vemos que nuestro progreso ha disminuido desde que nos convertimos en esclavos de éstos siervos. No podemos esperar que los amos nos liberen, ni podemos abandonar los compromisos que ya tenemos o los edificios que usamos. El cambio, por supuesto será gradual. Empecemos por dar un énfasis nuevo a nuestras responsabilidades individuales.