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Libere En Cristo

Índice

    Prefacio Del Autor

  1. Los Asuntos Que Nos Ocupan
  2. Ley Y Principios
  3. ¿Que Es La Ley De Cristo?
  4. ¿Por Qué Es El Amor El Mandamiento Más Grande?
  5. Algo Más Grande Que La Ley
  6. Doctores De La Ley
  7. El Ejercicio De La Libertad Cristiana
  8. Evangelio Y Doctrina
  9. Nuestro Credo
  10. Falsos Maestros
  11. ¿Por Qué Denominarnos?
  12. Libres De Sectarismo
  13. Bautismo Sectario
  14. Religión En Forma De Pastel
  15. Adoración Por Demanda
  16. Libre Expresión: Nuestra Respuesta A La Gracia
  17. Reduciendo La Taza De Mortalidad
  18. Salvación En Diferentes Épocas
  19. Identidad De La Iglesia
  20. ¡Esta Lección me asusta!
  21. Sirvientes Que Se Convirtieron En Amos
  22. Flexibilidad En Organización
  23. Autónoma O Episcopal
  24. El Riachuelo Libre
  25. Lo Que Dios Requiere

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Capítulo 20


¡ESTA LECCIÓN ME ASUSTA!


Si una lección no hace levantar las cejas, probablemente hará caer los párpados. Muchas de mis lecciones nos han dejado a otros y a mí con los párpados caídos. Esta lección, sin embargo, me levanta las cejas. En realidad, me asusta. Pienso que también a usted le impactará si logro mantener su atención por medio de cierto trasfondo contextual necesario. Así que, por favor continúe.

Pablo trató varios problemas entre los santos de Corinto en su primera carta. El tema de aquella carta era la desintegración de la unidad del cuerpo.

Aquellos que “fueron llamados a la comunión con su Hijo” se estaban convirtiendo en divisionistas (1:9-17). En lugar de hablar/decir la misma cosa “Yo soy de Cristo,” ellos hablaban diversas cosas al identificarse con sus dirigentes divisionistas. Pablo, Apolos, y Cefas no eran estos dirigentes, aunque Pablo usó estos nombres de hombres inocentes como una herramienta literaria para dar oportunidad de que los culpables corrigieran su conducta con el menor daño de su imagen (4:6s). Aunque Pablo nunca menciona a tales líderes, habla de ellos después como “falsos apóstoles, obreros fraudulentos” en su segunda epístola a los Corintios (11:13s).

En el tercer capítulo, Pablo trata con la carnalidad de los discípulos manifestada en celos, pleitos y divisiones (3:1-3). Ellos, como un cuerpo, eran el templo de Dios y cualquiera que destruyera la unidad del cuerpo, estaría destruyendo la morada del Espíritu Santo (3:16s). Aquí no se refiere al suicidio ni al fumar cigarrillos. ¡Está hablando de polarizar al pueblo de Dios! Esto es de dar miedo ¿no le parece?

Pablo no quería que alguien se “vuelva arrogante a favor del uno contra el otro” (4:6).

Después de tratar otros problemas y malentendidos, Pablo regresa al tema de la unidad (10:16-22). Puesto que la comunión es la participación en el cuerpo y la sangre de Cristo, esta se convierte en símbolo de unidad de los que comulgan. “Somos un solo pan” Uno puede visualizar a Pablo sosteniendo una pieza completa de pan ante la asamblea diciendo con un profundo sentimiento “Somos un solo pan.”

Aquí es donde el divisionismo se manifestó con toda su fealdad. Un grupo no esperaba a los demás. Los partidos se menospreciaban entre sí en los ágapes y en la comunión. Su participación era para lo peor, no para lo mejor (11:17-22). Pablo los avergüenza, “...es necesario que entre vosotros haya bandos, a fin de que se manifiesten entre vosotros los que son aprobados.” Los discípulos genuinos serían notorios por su desinterés de alinearse con algún partido. Ya que el comer juntos se había convertido en una demostración de lealtad partidaria, esto no podía realmente ser llamada Cena del Señor, se había convertido en una cena sectaria.

El resto del capítulo 11 es conocido de todos, pero veamos algunas de las expresiones usadas aquí. Tenemos aquí un pan y una copa que representan el cuerpo y su sangre. El que coma y beba de manera indigna es culpable de profanar el cuerpo y la sangre. La manera indigna o indignamente describe la acción y no tanto a la persona. En acción ellos eran divisionistas. Lo que debió haber sido participación por parte de todos, había sido limitada por cada grupo a aquellos aprobados por el grupo. Estaban comiendo y bebiendo “sin discernir el cuerpo” –sin discernir la unidad del cuerpo. Sin respetar la unidad del cuerpo, estaban comiendo y bebiendo juicio para sí mismos.

Ésta interpretación del significado de la palabra indignamente no es la interpretación tradicional. Pero ¿Acaso no está en armonía con el contexto más amplio que incluye a los capítulos 12, 13 y 14?

Éstos pensamientos hacen que mi alma se estremezca al recordar las muchas distinciones, partidos y divisiones que han plagado a nuestra gente. Es verdad que aunque haya habido partidos en nuestras congregaciones, siempre teníamos comunión con aquellos con quienes nos reuníamos en el mismo edificio. Pero después de separarnos en diferentes direcciones, se hace evidente que aquella comunión que manteníamos era solo tolerancia hacia los de la derecha y menosprecio hacia los de la izquierda.

Por muchos años enseñé con inocente engreimiento que nosotros no creíamos en “la comunión cerrada”. Cualquiera que asistiera podía examinarse a sí mismo y decidir en cuanto a su participación. Hasta aquí todo estaba bién---mientras que fuera en nuestro edificio, nuestro servicio, nuestra Cena del Señor. Pero, ¿Iré yo al edificio de ellos, a sus servicios, a la Cena del Señor de ellos? Ahora comienzo a hacer todo tipo de razonamientos del por que no debería hacerlo. Justifico mi partidismo. Rehuso discernir la unidad del cuerpo. Con esto mi participación/comunión/compañerismo en mi propio ambiente, se convierte en expresión y refuerzo de mi lealtad partidista. Cuando no se hace en mi grupo fiel, de pronto estoy creyendo en la comunión cerrada.

¡Esto me asusta! ¿Cómo podemos estar en comunión con alguien que no es de la Iglesia de Cristo cuando tal individuo viene a nuestros servicios y luego le negamos la misma comunión en otras ocasiones? Si le aceptamos en base a su propio auto-exámen para la Cena del Señor, ¿por qué no podemos aceptarle de la misma manera en todo tiempo?

Cuando me convierto en juez de otro hermano para excluirle, estoy ignorando la advertencia de Pablo “cada uno examínese a sí mismo y coma así del pan y beba de la copa”. Los discípulos de Corinto mal entendían y estaban en desacuerdo en algunos asuntos doctrinales importantes, pero Pablo no hizo de esto la base para justificar la negación de la comunión entre ellos, ni para dividir al cuerpo. ¿Tenemos nosotros asuntos de mayor vitalidad que la circuncisión, el comer carne, el guardar ciertos días y las demás diferencias que tenían en la iglesia de Corinto? Pablo no permitió que los santos se juzgaran entre sí en lo referente a éstos asuntos. Lea Romanos 14 de nuevo.

Tratamos de ocultar éste problema reuniéndonos en asambleas diferentes para poder estar con nuestro grupo aprobado, sin admitir que el cuerpo está dividido, pero el hecho es que aún somos sectarios exclusivistas en mente y práctica.

El punto decisivo en la mente de Thomas y Alexander Campbell fue el problema de los partidos Presbiterianos que rehusaban tener comunión con otros Presbiterianos. Thomas hizo su decisión en América mientras que Alexander lo hizo independientemente en Escocia. Así ellos comenzaron sus esfuerzos por restaurar la unidad de los discípulos de los diferentes partidos. Es irónico que el movimiento que comenzó en rechazo a la comunión cerrada de nuevo haya caído en la misma trampa.

Sí, ¡esto me asusta! Y me deprime profundamente porque yo he participado en la culpabilidad de mi gente.

Ahora, durante la comunión no solo pienso en la expiación sino que también pienso en mi comunión/participación/compañerismo con Cristo y con todas las personas sobre la tierra que han recibido Su gracia. Soy libre de prejuicios hacia ellos. Somos un cuerpo -- un pan – lo cual no permite que haya lealtades partidistas.