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Libere En Cristo

Índice

    Prefacio Del Autor

  1. Los Asuntos Que Nos Ocupan
  2. Ley Y Principios
  3. ¿Que Es La Ley De Cristo?
  4. ¿Por Qué Es El Amor El Mandamiento Más Grande?
  5. Algo Más Grande Que La Ley
  6. Doctores De La Ley
  7. El Ejercicio De La Libertad Cristiana
  8. Evangelio Y Doctrina
  9. Nuestro Credo
  10. Falsos Maestros
  11. ¿Por Qué Denominarnos?
  12. Libres De Sectarismo
  13. Bautismo Sectario
  14. Religión En Forma De Pastel
  15. Adoración Por Demanda
  16. Libre Expresión: Nuestra Respuesta A La Gracia
  17. Reduciendo La Taza De Mortalidad
  18. Salvación En Diferentes Épocas
  19. Identidad De La Iglesia
  20. ¡Esta Lección me asusta!
  21. Sirvientes Que Se Convirtieron En Amos
  22. Flexibilidad En Organización
  23. Autónoma O Episcopal
  24. El Riachuelo Libre
  25. Lo Que Dios Requiere

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Capítulo 2


LEY Y PRINCIPIOS


¿Por qué tenemos tantos mandamientos y órdenes de parte de Dios? ¿Acaso Él tiene algún interés egoísta divino que tiene que ser satisfecho a través de cargarnos con requisitos y restricciones? ¿Tiene Él un problema de ego que le cause el demandar, “Ustedes, habitantes de la tierra, yo les mando que me canten alabanzas”?

Los legisladores de Texas establecieron una ley de que cada automóvil con permiso en el estado, debe llevar un engomado de inspección sobre el parabrisas del lado del conductor. Ellos hicieron tal ley porque algunos de nosotros descuidamos mantener nuestros automóviles en buenas condiciones de seguridad. La ley es para el beneficio del propietario del vehículo y de aquellos que pudieran estar en peligro por la circulación de tal vehículo. Así que la ley es para el beneficio de todos los interesados.

Supongamos que nuestros legisladores pusieran otra ley requiriendo un engomado verde en forma de estrella, ahora en el lado del pasajero. Ellos explican el propósito de esta ley: “Hemos emitido esta ley solamente para que ustedes sepan que nosotros tenemos la autoridad de legislar. Queremos que ustedes obtengan este engomado, simplemente porque nosotros decimos.” Esa sería una ley arbitraria y despótica. Después de la siguiente elección, ¡habría caras nuevas en la legislatura!

La ley debe tener su origen en la autoridad para que tenga validez; pero leyes justas no son expresiones arbitrarias de autoridad.

Las leyes están diseñadas para el beneficio y protección de los gobernados. Toda ley está basada en algún buen principio moral. Un mandamiento sin un principio se vuelve arbitrario y solo satisface un capricho despótico.

Las leyes de Dios no son expresiones arbitrarias de autoridad. Sus mandamientos no son para satisfacer los caprichos de una deidad egocéntrica. Sus leyes están basadas en el principio de aquello que es bueno para el hombre y justo para Dios. Un mandamiento que facilita un principio tal vez contenga cierto elemento de arbitrariedad como el que Dios haya escogido el séptimo día como el Día de Reposo.

Los mandamientos solo dirigen y facilitan la aplicación de principios. En lugar de iniciar rituales de valor sacramental, los mandamientos de Dios dirigen al hombre a recibir la gracia y a crecer en la gracia en el ámbito espiritual y a vivir responsablemente con su prójimo en el ámbito moral.

El principio es más extenso y mayor que el mandamiento. La tendencia del hombre ha sido a enfatizar la demanda legal y a minimizar o fallar en discernir el principio. Esta es una faceta del legalismo.

Los diez mandamientos, por ejemplo, no eran leyes arbitrarias, sino que estaban basadas en principios aunque los judíos los interpretaban como arbitrarios. En los primeros tres, Dios está diciendo “Yo les amo y deseo una comunión plena con ustedes”. Del quinto al décimo Él está diciendo, “Ámense y respeten los unos a los otros”. El cuarto mandamiento, “Recuerda el Sábado y guárdalo santo”, tal vez parezca no concordar con los nueve. De cualquier manera éste es el mandamiento central. Apunta en ambas direcciones –hacia Dios y hacia el hombre. En él, Dios está diciendo, “Recuerda tu relación espiritual conmigo y recuerda la dignidad y propósito del hombre.”

Los judíos aceptaban el día Sábado como una expresión absoluta y arbitraria de la voluntad de Dios. Ellos trataban de definir todos los legalismos relacionados con éste mandamiento mientras que minimizaban o fallaban en discernir los principios para los cuales fue designado.


Ley en perspectiva

Un hombre desafió a Dios y fue muerto por juntar leña en el día Sábado (Núm. 15:32-36). Pero Jesús puso la ley en la perspectiva correcta. Él consideró que el mostrar misericordia a una oveja es más importante que la ley del Sábado (Mat. 12:9-12). El además explicó: “El día de reposo se hizo para el hombre, y no el hombre para el día de reposo” (Mar. 2:27). La ley fue creada para el beneficio del hombre. El hombre no fue hecho para cumplir una ley arbitraria.

Existen dos niveles de responsabilidad. Una persona pasa una zona escolar a velocidad lenta y con mucha precaución por su interés en el bienestar de los niños inocentes. Otra persona pasa a velocidad alta y sin ningún cuidado. Por esta razón se ponen anuncios que definen quince millas por hora como la velocidad máxima, además hay policías que vigilan que esta ley se cumpla. Puesto que el segundo individuo no acepta la responsabilidad propia, éste tiene que ser forzado a aceptarla por ley. Pablo explica que “la ley no ha sido instituida para el justo, sino para los transgresores y rebeldes...” ( 1 Tim 1:9). La primera persona no necesita la ley. La ley fue hecha para la segunda.

Hay dos niveles de obediencia. Un hombre tiene dos hijos que salen con sus novias. A cada uno les dice: “Por favor, regresen temprano a casa; no se queden demasiado tarde”. El joven más maduro está consciente de que su padre y madre no van a poder dormir tranquilos hasta que él regrese, y que además tiene que ir a la escuela al día siguiente. Así que él regresa a una hora muy razonable. El hijo menos maduro regresa a las dos de la mañana. Al momento que se le pide una explicación él exclama: “¡Papá, tu no dijiste que tan tarde es tarde o que tan temprano es temprano!” Para este hijo, el padre tiene que hacer una ley rígida: “¡Regresas a las diez de la noche o vas a ser castigado!” Un hijo es guiado por principios; el otro es guiado por especificaciones legales.

Vemos estos dos niveles de responsabilidad y obediencia en la familia de Dios. Nuestra falta de madurez es evidente. Con frecuencia volteamos cielo y tierra con el afán de encontrar todos los requisitos legales y prohibiciones. Discutimos, luchamos, debatimos, juzgamos y criticamos al punto de alejarnos y dividirnos, mientras que fallamos en encontrar el principio que Dios tiene en mente. En ocasiones en que no encontramos especificaciones autoritarias, hemos formulado las nuestras, con una lógica muy peculiar. Y en caso de que todo lo demás falle, hemos dejado a la autoridad de los ancianos el definir e imponer especificaciones legales. Esto es legalismo al máximo. Esta forma de planteamiento nos mantendrá confundidos, esclavizados y divididos.

Jesús denunció a quienes buscaban justificación a través del cumplimiento de requisitos legales. Los escribas y fariseos eran tan escrupulosos en guardar la ley del diezmo, de tal manera que ellos no pasaban por alto las ramitas de las especies de sus jardines –menta, eneldo y comino (Mat. 23:23; Luc. 11:42). La orden de Dios con respecto al diezmo, no era porque Él tenía necesidad de comida o dinero, tampoco porque Dios quisiera imponer una carga sobre el hombre con el fin de probarlo. Dios quería que éste fuese dado para el sustento de su gente. Los fariseos buscaban cumplir con los tecnicismos de la ley, cuando en verdad deberían estar buscando la oportunidad de promover el amor, la misericordia, la justicia y la fe, las cuales cosas eran el propósito del diezmo. Ellos buscaban ser justificados por guardar la ley, en lugar de buscar el cumplir con el propósito de esta.

No debemos actuar solo para obedecer mandamientos, sino también por el beneficio que recibimos en lo que se nos manda. Verdaderamente es la confianza en la justificación por la ley la que causa que una persona obedezca mandamientos simplemente porque son mandamientos. La persona que tiene misericordia, justicia, fe y amor de por medio, cumple el principio, y no necesita una ley que le diga que tantos de sus recursos tiene que usar para su cumplimiento. Él está libre de los requerimientos legales, porque tiene los principios escritos en su corazón.

Dios quiere que nos congreguemos para edificación mutua (1 Cor.14: 26). En nuestras reuniones oramos los unos por los otros, nos enseñamos los unos a los otros, nos amonestamos los unos a los otros por medio de los cánticos, ofrendamos para ayudarnos los unos a los otros y promulgamos la expiación los unos a los otros. Pero en muchas ocasiones, se enfatiza la importancia de reunirse en respuesta a un mandamiento, en lugar de cumplir con los propósitos que Dios tenía en mente. Para hacer el punto legal más fuerte, se apela a la autoridad de los ancianos para que se especifique la hora impuesta para las reuniones. El proveer de servicios llenos de ánimo y edificación, cumplirá más plenamente el propósito, que el exigir reunirse.


No muchos mandamientos

Realmente no hay muchos mandamientos autoritarios para nosotros. Somos guiados a obrar por lo menos en las siguientes siete maneras: (1) mandamiento específico, (2) instancia, (3) exhortación, (4) preguntas retóricas, (5) declaración de aceptación personal, (6) declaración de condiciones y (7) consejos de lo más conveniente. Ninguna de estas imponen una condición o restricción sobre nosotros a menos que contengan algún principio para el beneficio del hombre el cual es facilitado por la declaración o instrucción.

Hay muchas ordenes dadas en el Nuevo Testamento. Seguramente no las seguimos todas. ¿Cómo podemos determinar cuales son exigencias sobre nosotros? No siempre es fácil determinarlo, por lo tanto, no debemos ser demasiado dogmáticos. Debemos buscar los principios. No es un imperativo para nosotros a menos que la enseñanza o mandamiento nos dirija a lograr un propósito práctico.

Todo esto nos lleva a una conclusión contundente y emocionante: Es el principio y no el mandamiento lo que debe gobernar nuestra conducta. Un “mandamiento” que no promueve algún principio no es realmente un mandamiento. Los que tienen una percepción inmadura, aún así prefieren el mandamiento y buscan leyes específicas. Pero el más maduro buscará el hacer el bien contenido en el mandamiento, en lugar de tratar de ganar puntos de justicia por guardar los tecnicismos de la ley. La diferencia del enfoque determinará si ganamos la aprobación o el rechazo de nuestro Salvador.

Puesto que muchos intérpretes sinceros, contienden que detalles históricos incidentales, considerados como ejemplos, tienen la misma autoridad que los mandamientos y leyes, es apropiado que nos preguntemos cuales ejemplos son obligatorios.

¿Cuáles de estos nueve ejemplos de detalles concernientes a la Cena del Señor son obligatorios? Fue tomada (1) por la noche, (2) en un aposento alto, (3) a media semana, (4) durante otra comida, (5) sin mujeres presentes, (6) había un solo pan (7) y era pan sin levadura y (8) una sola copa, (9) vino de pascua el cual no era posible que fuera jugo fresco en ese tiempo. ¿Cuáles de estos detalles son mandamientos?

Detalles incidentales

¡Ningún ejemplo es mandamiento!

Un ejemplo muestra como un mandamiento es obedecido o como un principio es cumplido, pero un ejemplo no necesariamente muestra la única forma de obedecer el mandamiento. La calidad de la autoridad está en el mandamiento no en el ejemplo. Por ejemplo, el que Felipe haya sumergido al eunuco no constituye un ejemplo obligatorio de inmersión. Solamente ejemplifica el significado de la palabra baptizo, la palabra Griega usada en el mandamiento de bautizar.

Existen muchos hechos escritos que no son ejemplos obligatorios, ya que no ilustran algún mandamiento o principio. El que Felipe corrió hacia el carro no impone sobre nosotros la manera de cumplir con el “ir” de la Gran Comisión. Quienes imponen ejemplos son muy selectivos en cuanto a los ejemplos que deciden imponer.

Todo lo que hemos estado cubriendo en esta lección, se puede ilustrar muy bien con referencia a la Cena del Señor. Jesús dijo, “Haced esto en memoria de mí”. Este no es un mandamiento arbitrario. Este tiene un propósito. El propósito no es el de adular a Jesús, ni tampoco tomar un censo de los fieles. Es el de recordar la expiación, la base de nuestra esperanza, siempre fresca en nuestras mentes. Nosotros la tomamos no para cumplir con un mandamiento ni por alguna gracia sacramental que se pudiera derivar de la cena, sino para fortalecer y expresar nuestra fe en la expiación. Al hacer esto proclamamos su muerte hasta que él venga y discernimos la unidad del cuerpo.

Si el propósito de la cena es recordar su expiación, luego ¿Qué diferencia hay en la hora o en el día en que la tomamos? ¿O si la tomamos dos veces al día o varias veces a la semana? ¿Cuál es la preocupación si el jugo de uva es fresco o fermentado o si el pan tiene levadura o no? ¿Cómo puede ser tan importante el orden en que se toma –si tomamos el pan antes o después de la oración, o si tomamos la copa antes de comer el pan, o si ambos se sirven al mismo tiempo? Tales detalles no tienen nada que ver con el propósito. Si una persona recibe beneficio de este recordatorio en un día Miércoles en lugar del Domingo, ¿Acaso este recordatorio se convierte en una maldición en lugar de bendición?

Muchas oraciones por la cena del Señor incluyen: “Permite que hagamos esto en una manera digna delante de ti” ¿Qué queremos decir con esto? Yo creo que, generalmente queremos decir que Jesús mandó un procedimiento legal en el cual los elementos se tienen que tomar en el orden correcto, el día correcto y con un grupo apropiado de creyentes, etc., y nuestra oración es para que en nada nos hayamos desviado de algún tecnicismo, no sea que comamos y bebamos juicio para nuestras almas. Tal idea expresa nuestro esfuerzo por cumplir ciertos requisitos legales, obedeciendo mandamientos en lugar de lograr el propósito de refrescar nuestras memorias.

“Pero se nos manda que celebremos la Cena del Señor en el primer día de la semana”, alguien protestará. ¿En dónde se encuentra tal mandamiento? Jesús pudo haberlo estipulado muy fácilmente, ¡Pero no lo hizo! Nuestra lógica legalista es la que ha creado tal mandamiento. De cierto no se nos ha dejado a que sigamos pistas vagas que nos lleven a formar una conclusión en un asunto tan importante como éste.

Entonces ¿Qué de Troas? Dice, “Y el primer día de la semana, cuando estábamos reunidos para partir el pan...” (Hech. 20:7s). Primeramente suponemos que este partimiento del pan se refiere a la comunión y no a un ágape o fiesta de amor. Aunque no hay prueba de ello supongamos que se trataba de la comunión. Supongamos que se reunieron para tomar la cena, esto no indica que así lo hayan hecho anteriormente o que la siguiente semana también lo hayan hecho. No hay indicación de que lo hayan hecho en alguna otra ocasión aparte de ésta. Esta es la única vez que el partimiento del pan se menciona en conexión con el primer día de la semana.

No hay un ejemplo claro de que la Cena del Señor se haya tomado en un día primero de la semana. En Troas, si ellos se reunieron de acuerdo al sistema Romano (y nuestro) de contar las horas, se reunieron para comer el Domingo por la noche, pero no participaron hasta el lunes en la mañana a causa del discurso prolongado de Pablo. Si ellos siguieron el sistema del calendario Judío, entonces se reunieron para tomar la cena en un Sábado en la noche. ¿Sería correcto que nosotros participemos en un Sábado por la noche o un Lunes por la mañana? Si tratamos de ser justos siguiendo especificaciones legales, este sería un asunto de vital importancia. Si lo que buscamos es lograr el objetivo de la Comunión, estos detalles desaparecen por no ser prioritarios. Nosotros no tomamos la Cena para obedecer mandamientos o para seguir ejemplos, sino para recordar que Jesús murió por nuestros pecados.

No colando el mosquito

Yo sé que estoy atacando asuntos sagrados. Por favor no me juzgue de irreverente. Estoy exponiendo nuestra deshonestidad intelectual al usar argumentos erróneos para sostener nuestra idea de justificación por la ley. Todos nuestros procedimientos tradicionales no están basados en mandamientos que promuevan principios, ni en ejemplos basados en mandamientos.

Esto no es solamente colar el mosquito. Los Fariseos sinceros estaban dispuestos a guardar el mandamiento del diezmo hasta sus más diminutos detalles. Ellos obtenían una satisfacción justificadora al hacerlo así. Pero ellos erraban en cuanto al propósito del mandamiento del diezmo. El propósito era promover justicia, misericordia, fe y amor. Este ejercicio, en lugar de obedecer el mandamiento del diezmo únicamente, era con un propósito divino. Jesús pronunció su rechazo contra ellos por un propósito mal aplicado. El no tendrá mayor aceptación para aquellos de nosotros que sigamos las pisadas de los fariseos.

Yo he sido un discípulo por cincuenta años. Crecí dentro de “la más estricta secta de los Fariseos” He enseñado todos los argumentos tradicionales por muchos años. Mi lucha difícil ha sido el enfrentarme con las Escrituras honestamente. Verdaderamente me compadezco de todo aquél que pudiera ser sacudido por este discurso. Sin embargo, una vez que la luz empieza a resplandecer, muchos otros asuntos se ven más claramente y con un contenido más rico. Le aseguro que usted empezará a respirar un aire fresco de libertad en Cristo.