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Capítulo 19
LA IDENTIDAD DE LA IGLESIA
Muchas veces he sacado mis bosquejos ya amarillentos para tratar de convencer a mi auditorio de que la Iglesia de Cristo se identifica con la única iglesia verdadera. Con el tiempo me he dado cuenta que muchas de las marcas de identidad que yo enfatizaba eran características secundarias y no eran de significado primordial. La mayoría de los tratados en cuanto a la identidad de la iglesia que he escuchado o leído hablan de un concepto de organización de la iglesia. Una organización se puede buscar históricamente y se puede identificar históricamente. La iglesia, sin embargo, es una relación de aquí y ahora de la gente con Dios, es un organismo viviente y presente. Hubo predicciones acerca de una apostasía, las cuales generalmente han sido mal entendidas. Pero el Espíritu dice claramente que en los últimos tiempos algunos apostatarán de la fe...(1Tim. 4:1). Concerniente a la venida del día del Señor, Pablo aseguró, no vendrá sin que primero venga la apostasía (2 Tes. 2:1-4). Habría alguna rebelión o apostasía de algunos. ¿Qué tan extensa sería tal apostasía? ¿Serían solo algunas personas, o todas? ¿algunas iglesias, o una destrucción universal de la iglesia? Si el concepto de la restauración está basado en la suposición de que la iglesia apostató de la fe completamente, luego algunas enseñanzas de las escrituras necesitarían más explicación. Daniel predijo que el Dios del cielo levantará un reino que jamás será destruido... y él permanecerá para siempre (Dan 2:44). El escritor a los Hebreos exhorta puesto que recibimos un reino que es inconmovible, demostremos gratitud (Heb. 12:28). ¿Cómo puede el reino ser declarado inexistente a través de la mayoría de los siglos desde su fundación, mas o menos desde Constantino en el siglo IV hasta nuestros pioneros en el siglo diecinueve a la luz de éstos pasajes? Alejandro Campbell se consideraba a sí mismo un reformador y no un restaurador. Él creía que las puertas del Hades no prevalecerán contra ella (Mat. 16:18). Él trató de restaurar la unidad que se había deteriorado entre los discípulos. La iglesia ha necesitado constante reforma desde sus primeros días. La mayoría de las epístolas fueron escritas a congregaciones que necesitaban cambio de dirección. Ya que la iglesia es gente, siempre habrá error y dirección equívoca que necesiten corrección. Al pasar los siglos, muchos cambios doctrinales y prácticas fueron aceptadas. Por causa del desarrollo del gobierno del obispado, estas enseñanzas y prácticas erróneas, podían ser establecidas en la iglesia universalmente. Así sucedió. El asunto ahora es éste: ¿Acaso las desviaciones causaron que ya no fuera la iglesia? ¿Fue destruida su identidad? Si así es, ¿Cuándo sucedió? ¿Cuándo perdió la iglesia su esencia o su naturaleza esencial? Para ilustrar éste asunto, así como Leroy Garrett una vez propuso, exploremos lo que es la naturaleza esencial de un hombre. Tenemos a un hombre a quien se le ha amputado una pierna. ¿Es todavía un hombre? Si le ponemos lentes. ¿Sigue siendo un hombre? Si le quitamos los dientes y le ponemos dentaduras postizas. ¿Cambia esto su naturaleza esencial? Si se cambia el nombre ¿es aún un hombre el mismo hombre? Si fuera paralizado por un ataque cardíaco. ¿Ha dejado de ser un hombre? Muchos otros cambios físicos, mentales y sociales pudieran afectar su calidad como hombre, pero no destruirían su naturaleza esencial de hombre. Ahora consideremos la naturaleza esencial de una iglesia. Tiene solo una anciano. ¿Es todavía una iglesia? Impone el ósculo santo. ¿Es ahora una iglesia? Se cambia de nombre. ¿Ha dejado de ser una iglesia? Está llena de celos y contiendas. ¿Ha destruido esto su identidad? Prende velas. ¿Habrá cambiado tal cosa su naturaleza esencial? Acepta el hablar en lenguas y cree en sanidad milagrosa. ¿Es todavía una iglesia? Muchas otras desviaciones en creencia y práctica pueden cambiar su calidad como iglesia, pero no cambiarían o destruirían la naturaleza esencial de una iglesia. Estos cambios en el hombre y en la iglesia no son cambios en la esencia, sino son cambios en características secundarias. Las características secundarias constantemente necesitan purificación y reforma; sin embargo, las desviaciones no siempre destruyen la identidad. Mientras que es nuestro trabajo el reformar, sólo el Señor puede juzgar y quitar el candelero.
La esencia ¿Cuál es la esencia de la iglesia? Despojándola de todas las características secundarias, ¿Qué podremos descubrir que sea la iglesia en realidad? ¿Qué es esencial? La naturaleza esencial de la iglesia es los que están en Cristo. Al ser bautizados en Cristo, Su cuerpo, Su iglesia, las personas son salvas y añadidas por el Señor mismo (Hech. 2:38,47; Rom. 6:3-4; 1 Cor. 12:13; Col. 1:18). La iglesia son los redimidos. Ellos no son perfectos en creencias en prácticas, sino que sirviendo con sinceridad, continuamente se purifican (1 Jn. 1:7-10) y permanecen (Rom. 14:4). Según Romanos 14, no debemos juzgar o menospreciar a aquellos que están en Cristo y difieren en creencia y práctica. Hay necesidad de reforma constante. Hay causas propias de rechazo, excomunión y entrega de alguien a Satanás lo cual discutimos en un capítulo anterior titulado Nuestro Credo. Estas acciones drásticas deben ser tomadas solo contra aquellos que renuncian a la fe, abandonan la pureza moral o se convierten en divisionistas. Estas acciones no deben ser tomadas contra discípulos débiles, en ignorancia, o mal dirigidos, quienes sinceramente tratan de hacer la voluntad de su Dios y que están en error en convicciones diferentes de las suyas o las mías. Algunos de mis más tempranos recuerdos al crecer en un poblado algodonero, cerca de Rochester en el Oeste de Texas, son de asistir a reuniones de avivamiento. La gente de aquella comunidad pequeña construía un tabernáculo como le llamábamos. Era como una casa sin paredes, una superestructura, algo así como una carpa descubierta de los lados. Cada iglesia tomaba su turno para usarla en campañas de evangelismo.
Una campaña de unidad Tres iglesias unieron sus esfuerzos para llevar a cabo una campaña de unidad. Escogieron un predicador que estuviera de acuerdo en no predicar acerca de sus diferencias denominacionales. Aunque yo era aún muy pequeño, recuerdo como el predicador provocaba risas, luego lágrimas, y en su invitación final, temor. Muchos respondían y eran salvos, supuestamente. Después de concluido el servicio, el dirigente dijo algo más o menos así: Hemos tenido un buen número de salvos. Ahora, todos los que fueron salvos, únanse a la iglesia que ustedes elijan. Los hermanos A, B y C, pastores de las iglesias que cooperaron estarán en éstos lugares asignados aquí al frente. Usted puede presentarse ante alguno de éstos hombres y él les dirá como unirse a su iglesia. Ahora supongamos que tenemos una campaña de unidad similar a ésta, pero diferente en algunos detalles. Tres iglesias participan. Estas consiguen a un predicador que promete no predicar doctrinas que no sean bíblicas. Él sólo predicará el evangelio tal como Pedro lo hizo en Pentecostés. La campaña es un gran éxito. Ochenta personas creen, se arrepienten, confiesan su fe en Cristo, y son bautizados para remisión de sus pecados. Todos están gozosos. El servicio final se termina y el dirigente dice: Muchos han sido salvos. Ahora cada uno de ustedes seleccione la iglesia de su preferencia. Los predicadores de las iglesias A, B y C estarán aquí frente a ustedes. Los que quieran unirse a la iglesia A, vengan con el hermano A. Veinte de ellos se levantan y vienen hacia él. El hermano B es presentado y veinte vienen hacia él. El hermano C se goza interiormente ya que piensa que los cuarenta restantes vendrán hacia él. Pero cuando él es presentado, solo veinte vienen hacia él. En este momento hay un aire de suspenso en cuanto a los veinte restantes. El dirigente les pregunta: ¿No se van a unir con alguna iglesia? No responden Ya estamos en la iglesia. ¿Cómo es posible? Pregunta el dirigente. El predicador ha anunciado el evangelio al igual que Pedro en Pentecostés. Cuando los oyentes fueron bautizados para remisión de los pecados, fueron salvos, habiendo sido bautizados en Cristo y en su cuerpo que es la única iglesia. Hemos hecho exactamente lo que ellos hicieron y confiamos en que estamos dentro de la misma iglesia a la cual ellos fueron añadidos. Ustedes van más allá de lo escrito al invitarnos a unirnos a sus divisiones. Los ochenta de nosotros estamos en la iglesia, habiendo sido añadidos por el Señor mismo. El unirnos a grupos diferentes y el llevar nombres que nos distingan de los demás sería divisionismo y denominacional. Entonces ustedes están empezando una nueva iglesia ¿o no? Pregunta el dirigente, sin lograr entender la explicación. No, solo queremos permanecer en aquella a la cual el Señor nos añadió. No excluiremos a otras personas salvas ni llevaremos un nombre distinto. Entonces ¿qué van a hacer? Nos reuniremos en comunión y adoraremos de acuerdo al patrón del Nuevo Testamento. Seguiremos tal patrón en nuestras vidas personales, organización congregacional, nombre y actividades de grupo. Invitamos a los otros sesenta que fueron salvos a unirse a este grupo no denominacional. El dividirse en grupos como ustedes lo han hecho es pecado, y no podemos tener comunión con ustedes a menos que se unan a nosotros. ¿Podemos identificar a la iglesia en ésta ilustración? Puesto que en esencia la iglesia son los salvos, las ochenta personas están dentro de ella. El reunirse en grupos separados no alteraría tal hecho. El reunirse juntos y adherirse a opiniones idénticas no fue una condición para su salvación ni para la esencia de la iglesia/los salvos. Puesto que su comunión es en Cristo y no en un acuerdo doctrinal, los discípulos que componen estos grupos aceptan a los otros discípulos sin condenarlos por sus diferencias de entendimiento. ¡Todos se aceptan menos el último grupo! ¡Los del último grupo rechazan y condenan a todos los otros discípulos! Se han convertido en sectarios. Aunque reclaman un estado no denominacional, se han convertido en un grupo separado con un nombre distinto. ¡Se han convertido en divisionistas! Los salvos están en los varios grupos. Ellos no son salvos por estar en grupos distintos sino a pesar de esto. Ellos están unidos a Cristo. Puede haber unidad en la diversidad. De hecho ¡No hay ninguna otra clase de unidad! El Movimiento Stone-Campbell comenzó como un esfuerzo por que los discípulos se aceptaran a través de todos los partidos. Aquellos reformadores tenían un mejor concepto de la identidad de la iglesia que la mayoría de los herederos de su patrimonio hoy en día.
LA SEMILLA ES LA PALABRA
De Cristo la iglesia de nuevo reluce, No obstante sus veinte centurias, Cual trigo que este año renace, Y tiene por años indecibles penurias.
Aunque el tiempo cada cosecha matare, Otra nos llenará nuevamente, No por la planta que perpetuare, Sino por la semilla viviente.
Cecil Hook (Adaptado al español por Oscar Padilla)
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