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Capítulo 17
REDUCIENDO LA TAZA DE MORTANDAD
Existe gran preocupación acerca de la alta taza de mortandad entre aquellos que son nacidos en la familia espiritual. Muchos de nosotros hemos tratado de identificar la causa de éstas pérdidas con el fin de ocuparnos en la prevención y cura. ¡Que bueno que tenemos tal inquietud! Una de las principales soluciones ofrecidas es Estudiar más la Biblia comúnmente se piensa que un curso comprensivo de doctrina resolvería la mayor parte del problema. Pero la respuesta no es así de simple. Muchos de los que salen tienen buen conocimiento de la Biblia. Hay un hombre muy brillante y docto en la Biblia en uno de nuestros colegios, quien es muy conocido por sus escritos, pero ya no tiene parte con nosotros. Una vez fui a escuchar a un muchacho de quince años predicar. Me causó mucha admiración el ver que este muchacho citaba las escrituras como si tuviera el Nuevo Testamento memorizado. Varios meses después pregunté por él y me dijeron que había abandonado la predicación y el discipulado. Estos son solo dos de la innumerable compañía que han conocido las escrituras pero han caído. ¿Acaso sugerimos que el conocimiento de la Biblia no es importante? En ninguna manera. Pero discutimos que el tipo de adoctrinamiento es el gran factor. Hay muy poco que fortalezca el carácter en conocer textos Bíblicos usados como prueba en controversias doctrinales, objeciones, definiciones y distinciones. Es bueno memorizar los nombres de los libros de la Biblia, las tribus de Israel, los jueces, los reyes y los apóstoles, pero esto le sirve de muy poco a aquel que se encuentra desanimado y bajo tentación. ¿Ha oído usted a alguien decir, Creo que no hubiera salido adelante en mi período de prueba y depresión si no hubiese sabido como refutar a los Mormones y a los Testigos de Jehová que vienen a mi puerta?. La habilidad de mi hijo para responder en contra de las doctrinas de la salvación por fe sola, el bautismo de infantes y el bautismo por rociamiento sin duda le ayudó a mantenerse firme durante los años difíciles en la universidad, es otra afirmación que lo más seguro es que nunca escuchemos. El ser completamente doctrinado en lo concerniente a la única iglesia, los rituales correctos, la organización correcta, cualidades de los ancianos, y el cantar sin instrumentos, provee muy poca estabilidad a la mujer cuyo matrimonio se encuentra en crisis. Cuando el cielo se le cae encima, usted ganará muy poca substancia de su habilidad para refutar los argumentos del calvinismo, premilenialismo, pentecostalismo, ocultismo y misticismo.
¡Qué consuelo! Un Domingo por la mañana yo enseñé una clase para los de cincuenta años o más. Había como cincuenta personas. Comencé muy informalmente pidiéndole a la clase que compartiera un pasaje favorito de la Escritura que les había infundido fe, fortaleza, valor y consuelo. Hubo un silencio que se convirtió en algo incómodo. Luego un hombre citó la Gran Comisión, otro Hechos 2:38, otro Mateo 7:21. Después de que varios textos de ése tipo fueron recitados, una mujer finalmente citó Romanos 8:28 ¡Con razón nos desintegramos en tiempos de crisis! Asistí al funeral de una hermana, en un edificio pequeño pero bien concurrido. El predicador habló largamente acerca de la única iglesia, el nombre, el bautismo, y el llamar a un hombre reverendo. Solamente hizo una referencia a la difunta, y para colmo, la llamó con un nombre equivocado. ¡Qué consuelo! Me da gusto saber que fue un caso excepcional. Sin embargo uno detecta este desbalance en los boletines de las iglesias, donde se provee más amplio espacio para anunciar la fiesta de patinaje de los jóvenes que a la muerte de un santo de la iglesia local, el cual se ha ido al cielo. Más espacio se le da al adoctrinamiento que a compartir pesares. En una ocasión, hubo un hombre que vino a nuestros servicios varias veces. Él era hermano de una de las mujeres de la iglesia. Esta mujer vino a mí y me explicó que su hermano era un alcohólico y que había perdido a su familia y su trabajo a causa del alcoholismo. Ella quería que yo tuviera un sermón listo especialmente para él, en caso de que él regresara. Yo lo hice. Él regresó. Yo estaba listo. Tomé la Biblia y le mostré lo que causa el licor, lo que Dios siente hacia los borrachos, y cual sería su destino final. El nunca regresó. ¡Pero yo me había lavado las manos! Ahora me estremezco al pensar lo tonto que fui. Un hombre que se andaba ahogando logró salir a la superficie en una esperanza frenética de ser ayudado, y yo grité, ¡Salte del agua o te vas a ahogar! Até cargas muy pesadas sobre el hombre más débil y ni siquiera usé mi dedo más pequeño para levantarlo. Yo enseñé la verdad, ¿o no? Pero no la verdad que lo pudiera sacar de la esclavitud, humillación, autodesprecio, depresión y desesperación. No era necesario que yo le dijera lo que el licor le causaría ni a donde lo mandaría. Él lo sabía mejor que yo. Pero no le dije del amor y aceptación de Dios, y lo que Dios podía hacer por él. Yo no le ofrecí un abrazo de amor ni la fortaleza de los otros cien discípulos presentes. Con sus últimas fuerzas, el se arrastró hasta el oasis en el desierto ardiente y sólo encontró un espejismo. Él pereció de sed al lado de lo que debiera haber sido una tinaja de agua de vida. El último gozo que muchos cristianos experimentan, es el que sintieron cuando emergieron de las aguas bautismales. Se van gozosos hasta que vienen al próximo servicio. De allí en adelante es sólo culpabilidad. En cada clase y sermón, cada maestro se asegura de convencer al discípulo de que no estudia lo suficiente, no da suficiente, no es lo suficientemente devoto, y no está viviendo en suficiente pureza. Siempre hay la sombra de miedo en cuanto a algún pasaje mal entendido o desatendido. Mientras que éstos maestros piensan que al doctrinar están produciendo fortaleza, tal vez estén teniendo éxito en convencer al discípulo que no puede, y luego nos asombramos si se da por vencido. El aprendizaje efectivo de la Biblia debe comenzar por fortalecer la fe. La vida de personajes bíblicos puede ser utilizada para mostrar el poder de la fe. El amor y las promesas de Dios deben ser evidentes. La gracia de Dios debe ser el mensaje de regocijo. Los discípulos deben estar convencidos de que su aceptación por parte de Dios y los demás discípulos no está basada en los méritos. Se les debe hacer reconocer el poder de Dios, Cristo y el Espíritu Santo en sus vidas. Se les debe enseñar la eficacia de la oración y de la comunión Cristiana. Ilustraciones de la providencia divina deben dar seguridad y consuelo. La esperanza realista deber producir paciencia y persistencia. Si las virtudes cristianas son fomentadas en el carácter, de acuerdo a Pedro, esa persona no caerá ni será ineficiente. Tal vez usted pueda alargar esta lista de recursos que podrán iniciar una actividad de amor, fortalecer a los débiles, levantar a los desanimados, quitar temores, sostener a uno durante las pruebas, alegrar a los desesperados, y proveer seguridad en cuanto a la entrada en el reino eterno de nuestro Señor y Salvador Cristo Jesús. Ninguna persona ha sido convertida a posiciones doctrinales completamente ajena a éstos elementos de fortaleza. Pero es mi convicción que hemos estado fuera de balance, inclinados hacia esa dirección. La corrección de este asunto debe ayudarnos a reducir la taza de mortandad. Debe ayudar pero no eliminará el problema. La parábola de Jesús acerca de los diferentes tipos de tierra nos asegura que el problema de la mortandad estará con nosotros para siempre.
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