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Capítulo 16
LIBRE EXPRESIÓN: NUESTRA RESPUESTA A LA GRACIA
La obediencia más hermosa que glorifica a Dios, es la que nace de nuestro aprecio por lo que Él ha hecho por nosotros. La respuesta de amor hacia su gracia es una devoción que fluye espontáneamente. Expresiones no demandadas, espontáneas y extravagantes ganaron la atención de Jesús y recibieron sus elogios. Las narraciones de tres mujeres ilustran esto y nos sirven como ejemplos. Al repasar estas narraciones podremos ver como nuestros esfuerzos en adorarle pueden ser expresiones libres que se elevan como incienso de olor fragante que se eleva hasta su trono.
Mar. 14:3-9; Mat. 26:6-13). María tomó una libra de perfume de nardo puro y ungió la cabeza y los pies de Jesús. El nardo tenía un valor de trescientos denarios, aproximadamente un año de salario de un jornalero. Fue una expresión muy extravagante. A medida que la fragancia llenaba la casa, obtuvo la atención de todos. Ahora que María se encuentra en el centro de atención, vamos a entrevistarla. María, ¿Por qué hiciste esto? Simplemente porque se me ocurrió hacerlo responde con un brillo en su semblante. ¿Se te ordenó que lo hicieras? ¡Absolutamente no! Niega con una nota de protesta en su voz. ¿No crees que tu acción fue algo presuntuosa? Si a Jesús le agradara tal cosa, ¿no crees que te lo hubiese dicho de antemano? En ninguna manera es presuntuoso demostrarle mi amor. Aún este nardo no expresa mi total agradecimiento y la magnitud de mi sentimiento hacia Él. Pero María, ¿No fue esto un gran desperdicio? Señor, no hay nada excesivo ni desperdicio alguno si expresa cuanto le amo, y si es para su honra delante de los demás. El amor es extravagante en sus expresiones.
María, ¿No te sientes ni un poquito culpable? No, me siento más feliz. Antes me sentía mal porque no había comunicado mi amor adecuadamente. ¡Fue sólo una exhibición! Sí, fue una exhibición. Quería exhibir delante de Él y de todos ustedes mi gran aprecio por Jesús. Una pregunta más, María ¿Qué no tendría más sentido usar un poco de perfume y haber guardado el resto? El amor no se aplica con un gotero. El amor es sin egoísmo. Debe ser sin medida. Los discípulos se unieron a Judas en reprender a María por su acción. Qué triste es cuando desmoralizamos a aquellos que llevan acabo acciones generosas simplemente porque estas no van con nuestras ideas llenas de prejuicios. Cuán incómodos se han de haber sentido los discípulos cuando Jesús intervino en defensa de María, Dejadla; ¿por qué la molestáis? Buena obra ha hecho conmigo. Ella ha hecho lo que ha podido. Dondequiera que el evangelio se predique en el mundo entero, también se hablará de lo que ésta ha hecho, para memoria suya. El regalo de María fue más allá de todo valor práctico. Jesús reconocía el valor de cosas estéticas. Para levantar nuestra moral, gastamos mucho dinero en ropas bonitas, casas, automóviles, regalos, pinturas y flores. Sadi, un jeque que vivió hace 700 años, entendía esto:
Si de tus bienes mortales eres privado, y de tu escasa alacena solo dos piezas de pan te han quedado, vende una, y con ello compra jacintos para tener tu alma llena. (adaptado al español por Oscar Padilla)
Con frecuencia oímos de discípulos que imitan a Judas cuando alguien quiere agregar adornos al edificio de la iglesia. La respuesta de María fue hacia la gracia, no hacia la ley. El joven rico debe ser alabado por su apego a la ley, pero el no tuvo el amor para dar lo mejor de sí mismo. 2. Jesús se sentó frente al arca del tesoro, y observaba cómo la multitud echaba dinero en el arca del tesoro; y muchos ricos echaban grandes cantidades. Y llegó una viuda pobre y echó dos pequeñas monedas de cobre, o sea, un cuadrante (Mar. 12:41-44; Luc. 21:1-4). Detengámonos y entrevistemos a ésta mujer. Mujer, ¿Por qué diste hasta tu último centavo? Yo quise dar honor en forma especial a Dios para mostrarle mi aprecio por todo lo que ha hecho por mí, contesta ella. ¿Se te mandó que dieras tus últimas dos monedas de una viuda? Si yo tuviese un Dios que demanda hasta los últimos recursos de una viuda pobre, francamente, tal vez no hubiera tenido el deseo de darle las monedas. La ofrenda de amor es espontánea. Mujer, ¿no necesitabas ese dinero? Sí, ese y mucho más continúa. Pero pensé que esto tenía mayor significado que el honrarle estando en abundancia. Ella no se detuvo a calcular si estaba dentro de sus posibilidades el dar. A ella no la detuvo la precaución. ¿Esperas que yo crea que no lo hiciste solo para atraer la atención? No sabía que tú estabas mirando, o que te importaba. Yo sólo esperaba que Dios viera que yo le amo. Fue con el fin de atraer su atención. Pero mujer, la ley solo requiere el diezmo. ¿Por qué diste más? Pude haber dado con el fin de llenar el requisito de la ley pero sin amor. Yo quise expresar los profundos sentimientos de amor que tengo hacia Dios. Y Jesús llamando a sus discípulos, les dijo: En verdad os digo, que esta viuda pobre echó más que todos los contribuyentes al tesoro; porque todos ellos echaron de lo que les sobra, pero ella, de su pobreza echó todo lo que poseía, todo lo que tenía para vivir. La respuesta de María fue de una belleza emocional extravagante. La respuesta de la viuda fue sin egoísmo alguno. El amor nos lleva a un mar de expresiones sin fronteras. 3. Jesús fue invitado a comer a la casa de Simón (Luc. 7:36-50). Mientras comía, una mujer pecadora vino con un frasco de alabastro con ungüento. Y poniéndose detrás de Él a sus pies, llorando, comenzó a regar sus pies con lágrimas y los secaba con los cabellos de su cabeza, besaba sus pies y los ungía con el perfume. Viendo esto Simón se dijo a sí mismo: Si éste fuera un profeta, sabría quién y qué clase de mujer es la que le está tocando, que es una pecadora. No es necesario entrevistar a ésta mujer. Jesús entrevistó a Simón y le explicó los motivos de la mujer en contraste a los de él. Jesús dijo: Simón, tengo algo que decirte. Le contó acerca de dos deudores, uno debía diez veces más que el otro. Ya que ni uno de los dos podía pagar, el acreedor canceló la deuda de ambos. ¿Cuál de ellos le amará más? Le preguntó Jesús. Simón sabía la respuesta correcta: Supongo que aquel a quien le perdonó más contestó con cierta renuencia. Has juzgado correctamente dijo Jesús. Luego, volviéndose hacia la mujer, dijo a Simón, ¿Ves esta mujer? Yo entré a tu casa y no me diste agua para los pies, pero ella ha regado mis pies con sus lágrimas y los ha secado con sus cabellos. No me diste beso, pero ella, desde que entré, no ha cesado de besar mis pies. No ungiste mi cabeza con aceite, pero ella ungió mis pies con perfume. Por lo que te digo que sus pecados, que son muchos, han sido perdonados, porque amó mucho; pero a quien poco se le perdona, poco ama. Podemos imaginar los pensamientos de protesta en la mente de Simón. Jesús, tu no me dijiste que querías que te lavara los pies. Tu no me mandaste que te diera beso. La ley no requiere que te ungiera la cabeza. Tu sabes que yo la hubiera hecho... Esa es la forma en que yo hubiese razonado. ¿Cuál es el problema de Simón? Siendo un buen fariseo, creía que si acaso él tenía pecados, éstos serían muy pocos. Él pensó que necesitaba de muy poco perdón. Con tan poquita razón para la penitencia, no habría lágrimas de pesar ni de gratitud por la misericordia recibida. Habría muy poca motivación para mostrar su amor en una forma generosa. Él solo cumpliría con sus deberes ya designados. Pero nada más fluía de su corazón. No hubo una fragancia de amor de su parte, que llenara la casa. Él solo se incomodaba por aquéllos que vaciaban sus frascos de perfume celestial en aquél mísero cuarto. ¿Ilustran estas tres mujeres la respuesta a la ley o a la gracia? Si estas tres mujeres hubiesen buscado el cumplir requisitos bajo la amenaza del infierno, el perfume de María hubiera perdido su fragancia, la ofrenda de la viuda hubiera sido nada más que un esfuerzo en satisfacer a un Dios de demandas, y la mujer pecadora no hubiese tenido lágrimas para mojar los pies de Jesús. Ninguna de estas acciones fueron el resultado de un sermón promotor de culpabilidad. Sus acciones fueron como himnos de alabanza motivados divinamente. Los pájaros asustados no cantan. Nuestro servicio de amor es en respuesta a la gracia. Si me amáis, guardad mis mandamientos pero también le amamos porque Él nos amó primero. El extravagante amor de Dios es nuestra motivación.
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