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Capítulo 14
RELIGION EN FORMA DE PASTEL
Hemos construido muchos edificios en forma de rebanadas de pastel (en Estados Unidos muchas iglesias han construido sus edificios en forma de semi circulo), y hemos tratado de llenarlos con una religión en rebanadas. Todos nosotros hemos visto las gráficas seccionales usadas para empujarnos a ser más activos. En ellas, partes proporcionales muestran qué tanto de nuestro tiempo o dinero usamos para trabajar, dormir, recrearnos, y otras cosas más, y luego se muestra un gajo pequeño de lo que se rinde en adoración y servicio. La rebanada más angosta del pastel es con el fin de representar nuestra débil pretensión de justicia. Una ilustración similar habla de los seis días que Dios nos da para nuestro uso personal y también del día que Él nos da para adoración y servicio el cual muchos se lo apropian para sí mismos excepto una dos o tres horas. Otra ilustración revela que Dios nos da 604,800 segundos cada semana, los cuales aplicamos generosamente a varias actividades necesarias, mientras que sólo reservamos 3,600 segundos para adoración y servicio a Él -¡Solamente 1/168 de nuestro tiempo es dado al Señor! Ésta ilustración implica que la única adoración que existe es formal, publica, organizada y relacionada con las asambleas. La asistencia es comúnmente la más visible expresión de nuestra religión. Todas las cualidades cristianas que revelan nuestro carácter y gobiernan nuestra conducta diaria ocupan un segundo lugar en relación con la asistencia. Pablo quería que diésemos el pastel completo a Dios. Os ruego por las misericordias de Dios que presentéis vuestros cuerpos como sacrificio vivo y santo, aceptable a Dios, que es vuestro culto racional(Rom. 12:1). Pablo hace alusión a la adoración bajo la ley de Moisés. Bajo aquél sistema, el adorador seleccionaba, -ponía aparte, dedicaba, consagraba, santificaba- al animal que sería ofrecido. Al tiempo especificado, el animal era llevado al tabernáculo/templo donde moraba la Presencia de Dios. Allí era presentado al sacerdote para ser ofrecido por él, a través del sumo sacerdote en una manera especificada y ritualista. El sacerdote inspeccionaba al animal para ver que fuese aceptable; luego le quitaba la vida como una ofrenda. Una ofrenda es un sacrificio. Sacrificar es ofrecer. Este procedimiento era considerado adoración aceptable. Nuestros sacrificios son ofrecer todo nuestro ser nuestro cuerpo y todo lo relacionado al mismo. Es consagrado, comprometido, dedicado, separado, santificado diariamente, en vez de en un solo acto de dar la vida. Esta ofrenda continua no es llevada a un sacerdote o a un lugar en un tiempo determinado para cumplir con detalles ritualistas. El que es santificado no va a un sacerdote, ya que él mismo es un sacerdote, ofreciéndose a sí mismo a través de su Sumo Sacerdote. La adoración y servicio no le llevan a un templo, ya que él es el templo de la Presencia del Espíritu. Su servicio no es a un determinado tiempo con rituales detallados, porque toda su vida es una ofrenda a Dios totalmente santificada. Esto se convierte en un sacrificio aceptable, una ofrenda continua. ¡La adoración y el servicio es todo lo que ocurre en el templo! No toda la actividad en el templo judío era ritual, sino que el trabajo de los levitas al cuidar de los utensilios, limpiar los pisos, o las reparaciones eran una parte necesaria. La operación completa del templo era una ofrenda continua al igual que, en forma ritualista, el pan de la Proposición y los candiles eran continuos sacrificios vivos. Aunque hay diferentes tonos de significado en las palabras que se usan para adoración, no hay una distinción clara entre adoración y servicio. Algunas acciones y pensamientos son dirigidos específicamente a Dios (estos los hemos ritualizado como servicios de adoración); algunas son dirigidas a otras personas, y algunas son rendidas para sí mismos para el mantenimiento del templo. Cuando la vida de uno es dedicada a Dios, cualquier cosa que haga es adoración/servicio. No se trata de Tomar tiempo para ser santo (himno en inglés) porque él es santo. No se trata de Señor venimos ante tu presencia porque estamos en Él y su Espíritu en nosotros continuamente. A través de nuestra vida como discípulos, ofrezcamos continuamente mediante Él, sacrificio de alabanza a Dios, es decir, el fruto de labios que confiesan su nombre (Heb. 13:15). Mientras que uno viva en Cristo como Señor de su vida, uno es una ofrenda viva en adoración. Esto incluye todo lo material, cosas seculares que pertenecen a ésta vida. Aunque esté trabajando, cortando el césped, vacacionando con su familia, o tomando medicinas, estas cosas no tienen fines egoístas, terrenales y materialistas. Esto es parte del mantenimiento del templo, el cual es continuamente consagrado a Dios en todos sus propósitos. El concepto de adoración/servicio en partes, dificulta la respuesta a algunas preguntas. Si una hora de religión formal no es suficiente, ¿Acaso dos, tres, quince o treinta serán suficientes? Otras preguntas similares se pueden hacer referentes al porcentaje de dar. Si el tamaño de la rebanada del pastel ya está determinado ¿de quién es el resto? ¿También será santo? ¿Cómo podría imaginarse toda la vida en una ofrenda continua? Comúnmente la gráfica de la rebanada del pastel se hace con el fin de relacionarla con lo que ha sido definido como los cinco actos de culto cantar, orar, enseñar, dar, la cena del Señor (o tomar la comunión como muchos dicen, ¡como si la comunión fuese algo que se pueda comer o beber!). Por muchos años yo acepté, enseñé y defendí éste concepto de los cinco actos de culto. Después de todo, alguien que escudriñaba las escrituras aquí y allá podía encontrar piezas de este complejo patrón y ponerlas todas juntas. Seguramente nadie era lo suficientemente simple para incluir el ayuno, los ágapes, el lavamiento de pies, el levantar manos santas, el que los ancianos ungieran y oraran por una persona enferma, el compartir con las necesidades de los santos o el ósculo santo (¡el cual se da por mandamiento cinco veces!) ¡como un acto de adoración! Hemos definido y especificado todos los detalles de estos cinco actos de adoración asegurándonos que El que todo lo ve vea que diezmamos la pimienta, el eneldo y el comino. Hemos hecho a Dios, un Dios que se vale de argucias y detalles. La tremenda ira del Dios del universo puede ser provocada si cantamos mientras que pasamos la copa, por ejemplo, de tal manera que Él ¡condene toda la asamblea al infierno eterno! ¿Cómo es que llegamos a desarrollar tal teología? ¿Acaso un ama de casa adora a Dios más aceptablemente cuando canta en una asamblea que cuando expresa el mismo sentimiento mientras cocina o si canta mientras escucha una grabación de cantos espirituales? ¿Acaso el poner algo aparte para ayudar al necesitado es adoración de mayor importancia que el ayudar al necesitado usted mismo? ¿Es de menor importancia el trabajar para tener los medios con que ayudar al pobre? ¿Es de más valor la adoración rendida al cantar Cuán grande es Él en la asamblea que cuando usted observa la naturaleza durante un día de campo? ¿Son mejores los pensamientos acerca de la expiación mientras participa de la Cena del Señor que cuando usted está recostado en su cama? El valor no está en guardar los detalles de un ritual con toda precisión, sino en lo que pensamos y expresamos. De acuerdo al sistema de los sacramentos desarrollado por la Iglesia Católica, un sacramento es un rito visible o ceremonia a través de la cual se supone que Dios derrama de su gracia sobre el adorador. Hemos heredado demasiado de tal concepto, asumiendo que una gracia especial nos es dispensada a través de nuestros actos de adoración, si es que guardamos todos los detalles especificados para los rituales. Los actos de adoración no atraen a la gracia de Dios ni causan la justificación. No adoramos con el fin de ser justificados, sino porque ya hemos sido hechos justos por su gracia. Lo que hacemos en las reuniones, al igual que en nuestras vidas diarias en consagración, es fortalecernos e impartir fortaleza a otros. El ambiente y el silencio del culto tienen muy poca conexión con la adoración. El cantar no es para beneficio de Dios, sino para enseñar y amonestarnos los unos a los otros. Las oraciones son por las necesidades nuestras y por las de los demás. El dar no es para suplir las necesidades de Dios, sino las necesidades de la gente. El enseñar es para beneficio de las personas. A través de la comunión renovamos nuestra fe en la muerte del Señor por nosotros y la proclamamos a otros. Estas acciones son dirigidas a Dios solo en el sentido en que Jesús expresó, En verdad os digo que en cuanto lo hicisteis a uno de estos hermanos míos, aun a los más pequeños, a mí lo hicisteis(Mat. 25:40). Al explorar estas ideas, es bueno recordar que ninguna reunión fue mencionada como servicio de adoración por alguno de los escritores inspirados. Ellos no iban al culto de adoración porque sus vidas eran un servicio/adoración. Las actividades en sus asambleas eran para el beneficio de los presentes. Lea I Corintios 14 cuidadosamente para ver el énfasis repetido en que todo lo hecho en las asambleas sea para edificación de los discípulos. En el versículo 26, Pablo instruye hágase todo para edificación. Las asambleas no eran sesiones de comunión mística con Dios, sino de compartir con el pueblo de Dios. La asistencia y participación no es para obtener una calificación en justicia, sino para edificar a otros y ser edificados. Los servicios y programas que no edifican son sin sentido, si es que no perjudiciales. El dedicar nuestro tiempo y recursos a la adoración/servicio formal e informal es asunto enteramente individual. Para limitar el concepto de adoración, he citado Colosenses 3:17 muchas veces: Y todo lo que hacéis, de palabra o de hecho, hacedlo todo en el nombre del Señor Jesús. Yo aplicaba este texto a nuestros ejercicios en las asambleas exclusivamente, como una demanda de autoridad para cada actividad. De cualquier manera, el contexto se refiere al tipo de vida que debemos vivir, el texto contiene instrucciones especiales para las esposas, esposos, hijos y esclavos. Luego en el versículo 23, él resume, Y todo lo que hagáis, hacedlo de corazón, como para el Señor y no para los hombres. Él pide que en todos los aspectos de nuestra vida honremos al Señor ya que llevamos su nombre. Yo también citaba lo que no es de fe es pecado combinándolo con la fe viene por el oír y el oír por la palabra de Dios en una aplicación equivocada de la escritura con el fin de limitar el concepto de adoración. En el primer pasaje, Pablo está hablando de que la persona viola su conciencia al ir en contra de su fe. En el segundo, Pablo argumenta que los Gentiles deben ser aceptados y que la salvación se ofrece universalmente, siendo esto comprobado por el hecho que Cristo envió su mensaje y mensajeros a los Gentiles. No tiene nada que ver con la adoración. Muchas veces hemos sido advertidos por maestros sinceros en contra de adiciones a los cinco actos de culto usando el ejemplo de Nadab y Abiú, quienes fueron quemados por ofrecer fuego extraño que Dios nunca les mandó (Lev. 10:1-2; 16:12). No obstante, ciertas personas no fueron castigadas por agregar vino a la comida de la pascua (Luc. 22:14-18; Mat. 26:26-28), o por agregar el danzar delante del Señor (2 Sam. 6:12-14; Sal. 149:3), o por agregar todo el servicio en las sinagogas. Nadab y Abiú tenían instrucciones específicas que ellos menospreciaron. En los otros ejemplos, se nota un esfuerzo en honrar a Dios y no en retarle. ¿Cómo puede la adoración estar limitada a cinco especificaciones que no son tan específicas, ya que nuestros cuerpos deben ser presentados como una ofrenda viva de adoración? En Lovington, Nuevo México tuve la inolvidable experiencia de ser invitado a hablar al frente de un grupo juvenil Católico. Se me concedió tiempo para expresar mis creencias y luego hubo un período de preguntas y respuestas. Me mostraron una cortesía excelente. En el período de preguntas, una de las personas preguntó: Si yo inventara una forma personal para hacer saber a la gente que yo honro a Cristo, de manera que cada vez que me vieran ellos reconocieran mi amor por Él alguna forma- digamos, ponerme el sombrero de lado, ¿Sería esto un pecado? ¿Qué contestaría usted? Yo estuve de acuerdo en que Cristo podría ser honrado de tal forma. Con frecuencia llevo un pez simbólico en mi solapa en honor a Cristo. Otros usan placas o engomados. Estas pueden ser expresiones de adoración. Algunos publican literatura, escriben cánticos espirituales, graban cánticos espirituales, hacen obras de arte con una orientación espiritual, o adornan el edificio de la iglesia en honor a Cristo. Estas cosas son una expresión continua de adoración, un servicio/adoración viviente. Aún después de la muerte del adorador, aun habla. Uno tal vez mantenga una luz sobre la ventana o ate un listón amarillo alrededor de un árbol para mostrar a otros que estos son símbolos de adoración a Dios. No tengo razón para creer que Dios se horrorice de tal gesto de adoración. Otra vez, nuestra adoración no se reduce a rituales o símbolos específicos, sino que todo lo que hagáis, sea de palabra o de hecho. Todo lo que es diseñado para edificar y fortalecer nuestra fe o la fe de los demás puede ser un servicio/adoración aceptable ya sea en la asamblea o en la vida diaria. Démosle a Dios el pastel completo, y no solamente una rebanada.
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