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Libere En Cristo

Índice

    Prefacio Del Autor

  1. Los Asuntos Que Nos Ocupan
  2. Ley Y Principios
  3. ¿Que Es La Ley De Cristo?
  4. ¿Por Qué Es El Amor El Mandamiento Más Grande?
  5. Algo Más Grande Que La Ley
  6. Doctores De La Ley
  7. El Ejercicio De La Libertad Cristiana
  8. Evangelio Y Doctrina
  9. Nuestro Credo
  10. Falsos Maestros
  11. ¿Por Qué Denominarnos?
  12. Libres De Sectarismo
  13. Bautismo Sectario
  14. Religión En Forma De Pastel
  15. Adoración Por Demanda
  16. Libre Expresión: Nuestra Respuesta A La Gracia
  17. Reduciendo La Taza De Mortalidad
  18. Salvación En Diferentes Épocas
  19. Identidad De La Iglesia
  20. ¡Esta Lección me asusta!
  21. Sirvientes Que Se Convirtieron En Amos
  22. Flexibilidad En Organización
  23. Autónoma O Episcopal
  24. El Riachuelo Libre
  25. Lo Que Dios Requiere

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Capítulo 10


FALSOS MAESTROS


Al promover y defender nuestras posiciones doctrinales, los predicadores hemos hecho muchas denuncias de falsos maestros a quienes hemos identificado como personas que enseñan error. Mientras que hemos admitido que nadie enseña puro error, también hemos declarado que cualquier punto de error es suficiente para pervertir la palabra de Dios y para hacer al proponente un maestro falso.

Tal acusación parece tener un fundamento sólido hasta que uno investiga un poco más a fondo. El denunciante implica que él mismo ¡no tiene error en ningún punto! Él está correcto en todo; por lo tanto él no es un maestro falso. Otros enseñan algo de error, por lo tanto son falsos maestros. ¡Cuán ciego y discriminador puede uno llegar a ser!

Advirtiéndonos acerca de la gravedad de convertirse en maestros, Santiago nos asegura que “porque todos ofendemos en muchas cosas. Si alguno no ofende en palabra, éste es hombre cabal...” (Santiago 3:2s). Así que si el enseñar algún error hace de uno, un maestro falso, todos somos falsos maestros.

Tal vez sea sorprendente para algunos el saber que el término falso maestro se usa sólo una vez en las escrituras del nuevo testamento (2 Pedro 2:1). La otra expresión compañera de la anterior, falsa doctrina, no se encuentra ni una sola vez. Falsos profetas y error sí se mencionan.

El adjetivo falso describe al hombre y no a su enseñanza. Él es un maestro o profeta con un defecto de carácter, con motivos malvados y no un maestro sincero, mal informado que tiene una convicción diferente en algún o algunos puntos menores. Veamos algunas referencias para ver que esto es verdad.

  1. Los maestros de quienes Pedro escribió eran engañadores, codiciosos, libertinos, explotadores, divisionistas y negaban a Dios (2 Pedro 2:1-3). Ellos no eran hombres sinceros y humildes que ignoraban o que malentendían ciertas cosas.

  2. Un hombre divisionista, por su ambición egoísta “se ha pervertido y peca” (Tito 3:10s)

  3. Las personas que se apartan de la fe “prestando atención a espíritus engañosos y a doctrinas de demonios. Con hipocresía hablarán mentira, teniendo cauterizada la conciencia.” (1 Tim. 4:1s). Éstos no eran hombres honestos que habían errado en algún punto doctrinal. Evidentemente éstos eran los falsos profetas de 1 Juan 4:1-3, los Gnósticos que negaban que Jesús había venido en carne, los anticristos, cuyo engaño y libertinaje Juan menciona a través de sus tres epístolas.

  4. “Son hombres de mente corrompida, réprobos en cuanto a la fe.” Estos hombres engañadores no eran simplemente personas ignorantes de la verdad en ciertos asuntos (2 Timoteo 3:1-9). Ellos eran hombres con carácter falto de escrúpulos.

  5. Pablo trató muchos asuntos doctrinales en la iglesia de Corinto con paciencia firme, sin demandar el rompimiento de la comunión con base en asuntos doctrinales. Solamente los inmorales impenitentes e inflagrantes debían ser excluidos de la compañía. Como quiera él desenmascaró a aquellos que estaban dirigiendo partidos divisionistas, declarando, “Porque los tales son falsos apóstoles, obreros fraudulentos disfrazados como apóstoles de Cristo”(2 Cor. 11:12s). No es su posición doctrinal lo que es condenable, sino su carácter corrupto. Evidentemente éstas eran las personas que dirigían el divisionismo, las cuales son reprendidas en 1 Corintios 1:10-15. En lugar de estar unidos en mente y parecer, “y que no haya más disensiones entre vosotros” y que todos dijeran “yo soy de Cristo” permitieron que una ambición egoísta les guiara en fraccionar al grupo.

  6. En Romanos 14 y 15, Pablo enseñó a los santos a respetarse y amarse mutuamente y a vivir en armonía aún cuando tenían algunas diferencias de convicciones. Aquellos que estaban en desacuerdo no debían juzgarse unos a otros. Ellos no eran falsos maestros que tenían que ser echados fuera. Algunos, en oposición a lo que Pablo había enseñado referente a vivir en armonía, estaban creando disensiones y dificultades, “Porque tales personas no sirven a Cristo nuestro Señor, sino a sus propios estómagos, y con suaves palabras y lisonjas engañan a los corazones de los ingenuos” (Romanos 16:17s). ¡Cómo hemos mal aplicado éste pasaje para justificar nuestra división sobre asuntos doctrinales y andar en dimes y diretes!.

Éstos engañadores egoístas no fueron identificados en la epístola a los Romanos. Después, Pablo escribió del problema en ése lugar cuando estaba preso en Roma. Él declaró, “Algunos, a la verdad, predican a Cristo por envidia y contienda, pero otros lo hacen de buena voluntad. Estos últimos lo hacen por amor, sabiendo que he sido puesto para la defensa del evangelio, mientras aquéllos anuncian a Cristo por contención, no sinceramente, pensando añadir aflicción a mis prisiones. ¿Qué, pues? Solamente que de todas maneras Cristo es anunciado, sea por pretexto o sea de verdad, y en esto me alegro” (Fil. 1:15-18). Éstos hombres predicaban a Cristo, pero también predicaban la circuncisión, y hacían del tema un asunto de división. Pablo los identifica como tales en Filipenses 3:2-11. Luego él revela el verdadero carácter de ellos: “Porque muchos andan por ahí, de quienes os hablaba muchas veces, y ahora hasta lo digo llorando, que son enemigos de la cruz de Cristo. El fin de ellos será la perdición; su dios es su estómago; su gloria se halla en su vergüenza; y piensan solamente en lo terrenal” (3:18s). Ellos eran materialistas, con sus pensamientos en lo terrenal, egoístas que usaban el asunto doctrinal de la circuncisión como herramienta para dividir.

No se hace tal denuncia de los que contendían a favor de la circuncisión en la conferencia de Jerusalén en Hechos 15. La calidad de éstos hombres era diferente, con la excepción de los falsos hermanos que se introdujeron para espiar en Antioquía (Gal. 2:4) Ellos no eran hombres falsos aun cuando tenían una convicción diferente acerca de la circuncisión.

Nosotros cometemos un error cuando castigamos a alguien que difiere de nosotros en un sincero esfuerzo por conocer y hacer la voluntad de Dios. Él hace todo lo que usted y yo podemos hacer—su mejor esfuerzo. Él está equivocado en cuanto a ciertas cosas así como usted y yo estamos equivocados en algunas cosas. Alguien hizo la observación de que los únicos hermanos que tenemos, son hermanos en error.

Ningún lado de la conferencia en Jerusalén estaba compuesto de falsos profetas, ni tampoco el sincero Apolos era un falso maestro, debido a que enseñaba erróneamente en un punto doctrinal mayor, a causa de la falta de información. Grandes maestros y reformadores del pasado, no pueden ser tachados de falsos maestros, aunque tal vez nunca adquirieron todo el conocimiento necesario en doctrina. Éstos eran estudiantes honestos así como usted y yo creo que lo somos. Nos hemos beneficiado de los estudios de ellos. Podemos ver más lejos porque pisamos sobre sus hombros. ¡Gracias a Dios por ellos!

Jesús advirtió, “Guardaos de los falsos profetas, que vienen a vosotros vestidos de ovejas, pero que por dentro son lobos rapaces. Por sus frutos los conoceréis. ¿Acaso se recogen uvas de los espinos o higos de los abrojos?” (Mat.7:15s). Hemos tenido la inclinación a interpretar este texto como: “por sus enseñanzas los conoceréis” pero Jesús declara que el fruto de la vida revelará la veracidad o falsedad del carácter.

¿Ganamos satisfacción y confianza al contrastar nuestras enseñanzas con las de aquellos a quienes denunciamos, o estamos dispuestos a comparar los frutos de nuestra vida con los de aquellos a quienes nos oponemos doctrinalmente? Mi auto estima se reduce cuando hago tal comparación. El carácter del maestro determina la clase de fruto que ha de producir. Muchos defensores de la doctrina por causa de su mal carácter y motivos, han producido los más impíos frutos de división y son culpables de destruir el templo santo de Dios (1 Cor. 3:16s).

Jesús dijo, “...nadie que haga milagros en mi nombre podrá después hablar mal de mí. Porque el que no es contra nosotros, por nosotros es” (Mar. 9:39s).

Ésta conclusión no me ha venido fácilmente, porque, yo también, por mucho tiempo acusé de falsos maestros a quienes enseñaban algo diferente a lo que yo enseñaba.

Aquellos que han obtenido la libertad en Cristo son libres de aceptar a hermanos que llevan el fruto del Espíritu aunque no estén en completo acuerdo doctrinal.